Ser mamá me dio en la madre…

 

AUNQUE lo soñé desde hace mucho, aunque siempre me imaginé así, aunque incluso lloré ante el desalentador pronóstico de tener que invertir una fortuna para lograrlo. Aunque jugué con mi suerte pero en realidad la suerte jugó conmigo.

Me dio en la madre saber que mi vientre crecía y mi relación se caía en pedazos (una relación que en realidad nunca funcionó), al saberme sola con una recién nacida y al augurarme sola en los años futuros, con un montón de responsabilidades.

Entonces, al observar mis miedos, mi poca astucia, mi nula paciencia y mi enorme egoísmo, decidí convertirme en anti-mamá.
No fue el sexo, el estar enamorada o el quedar embarazada lo que me convirtió en mamá (en mis términos, en anti-mamá), sino el preguntarme y pensar meticulosamente si quería o no cuidar a un ser que habitaba en mí, que se alimentaba de mí y que ya dependía de mí… Y dije que sí.

Dije que sí y fue la decisión más acertada y difícil que he tomado, porque nadie me ha llenado de felicidad como lo hace mi hija. Sin embargo, me pregunté si quería compartir mi vida con una niña pequeña que demandaría todo mi tiempo y espacio, que escucharía cuentos de princesas, que pediría le cocine su platillo favorito, que luciría moños de mil colores en la cabeza, que necesitaría ser educada como una señorita para convertirse en toda una mujer. Y dije que no.

Dije que no porque no quiero pasar todo mi día entre pañales y mamilas, a cambio elijo trabajar y estudiar más duro para poder invertir con amor y devoción el tiempo que tenemos juntas. Me niego en absoluto siquiera a llamarla princesa’, prefiero llenarla de historias de guerreras de carne y hueso. No aspiro a convertirme ni convertirla en la reina de la cocina pero ya imagino el día en que hagamos un pastel solo por diversión.

Gracias a los regalos de las personas que nos aman, luce moños de mil colores en la cabeza pero me enorgullece verla despeinada mientras juega. Eventualmente se convertirá en toda una mujer pero jamás la forzaré a comportarse “como toda una señorita”; en vez de conductas puritanas, le deseo orgasmos plenos y responsables.

Dije que no a limitar mi vida, amargarme y buscar culpables por mis sueños frustrados. Dije que sí a darle un giro a los proyectos para poder incluirla a ella en todo lo que ya tenía planeado para mí.

Ese decir sí y no. Ese capricho tan mío me ha traído algunos conflictos, incluso con los más cercanos.

Hace algún tiempo me llamaron ‘femi-nazi’ porque le enseñaba a mis alumnos lo poco que sé de equidad de género: me reí y me sentí halagada. Hace poco me quisieron reprochar porque tengo dos empleos, estudio y a mi hija la veo hasta la noche: en vez de sentir coraje, me sentí orgullosa.

Soy anti-mamá y es un cumplido. Porque no me avergüenza decir que hago todo al revés, que a veces sueño con tener otra vida, que tuve que batallar con mis demonios internos para saber si quería o no traer a una persona al mundo, que me imaginé una familia feliz y me aterré cuando vi el vuelco que me dio el destino.

Soy anti-mamá porque mi chip de instinto materno no venía implantado en mi vagina, más bien lo esculpí durante años en la mente, germinó en nueve meses y floreció. Definitivamente floreció.

Sobre El Autor

Rosario Moctezuma

Reservada pero no tanto, culta pero no mucho, sensible pero a veces, chistosa pero no por gusto; comunicóloga, docente en proceso, haciendo mis pininos donde me agarre el hambre.

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