Extraño tus manos rondando mi tez y las palabras que no me dabas al despertar, extraño el fuego de tu mirada y tu desfachatada manera de andar. Extraño nuestras peleas y las absurdas discusiones para variar.

Extraño cada día a tu lado, extraño tu lejanía cuando volvemos a encontrarnos. Extraño verte despeinada y extraño el aroma del maquillaje sobre tu piel, extraño tus sonrisas y algunos de los manotazos que lanzabas por doquier.

Extraño tu indiferencia y esa cruel pero seductora forma de ser, extraño soñarte a diario para no hallarte junto a mí al amanecer. Extraño las heridas en mi corazón, las que hacías llena de consciencia y sin temor.

Extraño mucho cada sonido que pronunciaban tus labios, extraño las tardes de un lejano verano fuera de tu mundo, con tu perfume impregnado en cada rincón de mi ser. Extraño verte a lo largo del corredor, extraño mirarte sonreír, sin señales de preocupación.

Extraño cada absorbente detalle de tu espíritu, extraño la luz que irradias, luz que traspasaba mis ventanas, extraño las lágrimas que nunca te vi derramar, extraño los besos que te hubiese querido robar, extraño cada roce de mi organismo con tu blanca piel, extraño que sea el resplandor de tus pupilas mi sedante y mi mayor placer.

Extraño el ritmo de tus pasos y el palpitar de mi motor al contemplarte avanzar. Extraño el aire que me sobraba siempre que me hacías suspirar, extraño escribirte poemas y dedicarte cada sueño que no logro terminar, extraño tus recuerdos sin importar si son buenos o malos, extraño tu presencia cerca justo como el esclavo echa de menos a su amo, y soy esclavo tuyo aún si tú no me quieres a tu lado.

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