El que ama se hace humilde. Aquellos que aman. Por decirlo de alguna manera, renuncian a una parte de su narcisismo.
Sigmund Freud

Hablar sobre el amor me causa ansiedad al saber que quizá proyecte más de lo que quisiera. Sin embargo, es un tema que siempre me ha fascinado, y que tiene la cualidad de ser visto desde muchas ópticas, la que hoy presento es sólo una forma de entenderlo y abarca cierto tipo de amor. En psicoanálisis, una forma de describir el amor es como una conducta narcisista, lo que significa que el hombre y la mujer sólo aman lo que han sido, lo que son y lo que quieren ser.

Freud utilizó algunos mitos griegos como analogías para ciertos fenómenos psicológicos, el más conocido de éstos es el famoso complejo de Edipo, basado en el mito griego del mismo nombre; del mismo modo, el narcisismo también debe su nombre a un mito griego, el de Narciso.

Narciso era un joven conocido por su belleza, tenía numerosas enamoradas pero él rechazaba a todas. Una de las muchas que despreció era la ninfa Eco, quien como cualquier persona sana que es rechazada por su crush, murió consumida por su rechazo en una cueva. A modo de castigo por esto, Némesis, la diosa de la venganza, hizo que Narciso se enamorara de su reflejo en el agua. Él, intentando apoderarse de su imagen se lanzó al agua y murió ahogado. En el lugar donde murió creció después una flor que hacía honor a su belleza.

El narcisismo es entonces el amor que dirige una persona a sí misma. Una forma de narcisismo es aquella que tienen los niños, que dirigen todas sus energías a la satisfacción de sus necesidades, toda su energía es autodirigida y el mundo exterior prácticamente no existe, a este se le conoce como narcisismo primario. Llega un momento en que el narcisismo evoluciona cual pokemon, de una etapa primaria a una secundaria, en que el amor a sí mismo es desplazado a un amor que ya puede ser a algo externo. Es en este momento cundo se da una oposición entre la libido del yo y la libido del objeto.

Quizá estés pensando “¿qué demonios acabo de leer?” Vamos por partes, antes de continuar, y para una correcta comprensión de todo lo que viene, debemos preguntarnos primero ¿qué es la libido? Podemos entenderla como el instinto sexual, es una manifestación dinámica de la sexualidad.

La libido será de objeto o narcisista según hacia dónde se oriente, puede ser a un objeto o al yo. Cuando mayor sea la primera, más pobre será la segunda, la libido de objeto parece alcanzar su máximo desarrollo en el amor, convirtiéndose en una disolución de la propia personalidad a favor de darle una mayor carga libidinal al objeto, se trata de una sobreestimación del objeto y un empobrecimiento del yo. Se puede decir que se pierde amor a uno mismo mientras se ama más al otro.

Hemos hablado de una sobreestimación al objeto y de una libido de objeto, pero, ¿qué es el objeto?. El objeto, no es un objeto como tal, sino aquello en lo que podemos descargar nuestra carga libidinal, tampoco es forzosamente una persona, y en caso de ser una persona no necesariamente puede ser una persona completa, puede ser sólo una parte del cuerpo o un objeto parcial.

El objeto es reemplazable, por lo que no tenemos uno determinado sino que será hallado por cada persona a lo largo de su vida y será cambiado las veces que sea necesario. La elección de ese objeto suele darse de diversas formas, debido a que existen muchos caminos en su elección y eso da como resultado varios tipos de “amor”. Normalmente en la elección del objeto sexual se toma un objeto de las situaciones que nos produce una satisfacción.

En la primera etapa del narcisismo, el niño toma como objetos sexuales a lo que le produce placer, y en primera instancia las experiencias de satisfacción son vividas en relación con funciones vitales destinadas a la supervivencia y conservación, por lo que se da una relación con las personas encargadas de su alimentación, cuidado y protección: la madre o nodriza, éste es el llamado amor de protección.

También, en menor medida, el enamoramiento se da como un revestimiento de objeto por parte de los instintos sexuales, esto encaminado a lograr una satisfacción sexual y que desaparece cuando se consigue este fin, es el llamado amor corriente o sensual, nada común en estos tiempos.

Pero no siempre se presenta esta carencia de complicación, saber que la necesidad recién satisfecha no tardará en resurgir es el motivo de la persistencia de revestir al objeto sexual aún cuando el sujeto no sentía la necesidad de “amar”.

Existe otro tipo de amor, no basado en la imagen de alguien más sino en la imagen propia, es el tipo de amor narcisista. El enamorado elige de manera narcisista a su objeto, el objeto del cual se ha enamorado está en el lugar de su ideal, tiene depositada toda su libido en él y por esto es idealizado y engrandecido. El enamorado queda “vacío” de su energía libidinal, ya que ésta se encuentra depositada en el objeto.

En el amor narcisista se ama lo que uno mismo es, lo que uno mismo fue, lo que uno quiere ser y en otro grado también se encuentra el amor a lo que fue parte de mí, como en el caso del amor a los hijos. Se ama al objeto que tiene lo que a mí me falta para alcanzar el ideal. El amor narcisista dirige ese amor que alguna vez fue propio hacia otra persona.

Durante el enamoramiento se produce el fenómeno de la “superestimación sexual”, que no se refiere (del todo) a lo que quizá estás pensando; se refiere al hecho de que el objeto amado (en este caso sería la persona amada) queda, en cierto modo, exento de la crítica y todas sus cualidades son más estimadas que cuando aún no era amado.

Sin embargo, esta dependencia a la persona amada rebaja el sentimiento de sí, el que ama ha sacrificado un fragmento de sí, un fragmento de su narcisismo y sólo pide lo mismo a cambio, por lo que el amor de la persona amada se vuelve imprescindible.

Pero, como bien sabrás, las personas amadas igual se van, dejando de darnos ese amor que recibíamos y llevándose consigo también el amor y libido depositadas en ellas. Cuando se pierde el amor se necesita que la libido del sujeto rompa el lazo que existe con esa persona que ya no está, pero esto no es nada fácil porque todo en la vida del sujeto es eclipsado por su dolor y sus recuerdos, el mundo pierde sentido y se ha vuelto vacío, se vuelve melancólico.

Recordemos que antes de la elección del objeto existe una identificación con el mismo, haces propios algunos rasgos de la persona amada y le otorgas rasgos tuyos. Así que cuando no tenemos a esa persona el refugio que queda es esa identificación, y el odio y desprecio hacia esa persona se dirige a su sustituto, es decir, a uno mismo. ¿suena familiar? Espero que no.

El amor narcisista es como estar en un sube y baja, cuando tú estás arriba el otro está abajo y cuando tú estás abajo el otro está arriba, esto no necesariamente es malo, porque sin importar si te encuentras arriba o abajo sigues en el juego. Tal vez no necesariamente uno tiene que estar abajo siempre, tal vez lo importante del amor es encontrar un equilibrio, un equilibrio difícil de lograr, difícil como todas las cosas que valen la pena, difícil como conseguir equilibrar el sube y baja, difícil pero no imposible, tal vez ahí radica esa belleza sublime del amor, en lo difícil que es conseguir un amor pleno.

Este amor es algo irónico, cambiamos un amor (libido) que es nuestro y es dirigido a nosotros por uno que en realidad es amor del otro a sí mismo, disfrazado de amor hacia nosotros, como una ilusión. No importa esto, a fin de cuentas el amor es tal como en el mito de Narciso, amarte a través de un reflejo.

Sobre El Autor

Abraham Peralta

Psicólogo con especialidad en Plantas vs. Zombies

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