Dicen los chamanes que cuando llegas al Temazcalli es el momento idóneo en tu vida para que así suceda, como si algo dentro tuyo se hubiera preparado para dicho acontecimiento. Es volver al origen, al vientre materno, a la etapa primigenia donde nos conformamos como seres humanos.

 

DICEN los seguidores del new age que entrar al temazcal trae ventajas para el cuerpo, para el alma y hasta para la piel. Que es una limpieza profunda de la conciencia, de los resquicios inmundos que invaden la mente.

Desde hacía muchos años quería ir al temazcal pero por una u otra cuestión no lo había logrado, un buen día mi amiga Sara me invitó y no lo pensé más, fuimos juntas. Es toda una experiencia, llegar y ver una pequeña puerta, sentir desde ahí un leve calor que te llama a ingresar, es curiosidad y resistencia a despojarte de tus ropas frente a personas desconocidas.

Preferí quedar en ropa interior y me aventuré por el pequeño y oscuro túnel, adentro, la luz era casi nula, tardaron un poco los ojos en acostumbrarse a ver entre la penumbra. El lugar era parecido a una cueva y la sensación de calor se hacía más fuerte, de pronto el agua cayendo sobre las piedras al rojo vivo nos inundó de humo, la sensación del calor recorriendo el sistema respiratorio me apabulló un poco, sentí ganas de salir a inhalar aire puro, Sara me preguntó si estaba bien y me aconsejó que me tranquilizara, empecé a respirar más lento, a concentrarme en la respiración y a relajarme, me concentré en las palabras que se decían, en el pequeño letargo del que se apodera del tiempo ahí dentro.

La mujer que llevaba la batuta era cristiana y fervientemente enunciaba los postulados de su religión y su experiencia de vida, traté de no prestarle demasiada atención, ya que no soy religiosa, mi intención fue relajarme y en medio del sudor y el vapor estar en calma. Fue una sesión de aproximadamente una hora, llena de mucha reflexión, de la oportunidad de hacerme consiente de mi cuerpo, de controlar la respiración y la mente, de comulgar con mujeres distintas a mi, desconocidas que fueron gentiles en todo momento y me aconsejaban masajear algunas partes del cuerpo o hacer estiramientos.

Ese olor característico desde ese día lo tengo muy presente, ya que había hierbas medicinales y esencias aromáticas que junto con vapor y el espacio mismo conformaban un lugar totalmente diferente a cualquier otro que hubiera visitado.

Primero se manifiesta un descanso profundo, al salir del temazcal nos quedamos tiradas en un par de camastros por casi una hora, asimilando el nuevo estadio de nuestros cuerpos, descansando y recuperando fuerzas, con ganas de dormir y a la vez de salir saltando renovadas e inspiradas.

Aunque no se profundizó en el tema espiritual, no de la manera del pensamiento oriental o mesoamericano, mi estado de ánimo cambió, estaba relajada, tenía mucho tiempo que no sentía eso, no estaba cansada y me sentía con ganas de interactuar, de charlar.

Pasé todo ese día con mi querida Sara, tenemos de conocernos más de 10 años y hacía mucho que no estábamos tanto tiempo juntas, la conversación entre nosotras fluyó como antes pero desde las personas que somos ahora, nos hicimos confidencias como cuando eramos chicas, como cuando pasábamos horas hablando de todo y nada y lo que importaba es que estábamos juntas. Algunas cosas las sabíamos a medias o nunca tuvimos el tiempo para contarlas de verdad y ese día nos abrimos a conocernos de nuevo.

Me sentía igual que en el último viaje que hicimos juntas a Pahuatlán, donde bailamos toda la noche y vimos anochecer y salir el sol del siguiente día totalmente en vivo, sin cortes, vimos la transición de la fiesta y el barullo de la gente, y ahí estábamos las dos, desayunando cerveza a las siete de la mañana.

Mi energía vital se transformó, esa noche no podía dormir y aún dormida estaba inquieta, como si algo dentro mío hubiera despertado y una parte de mí hubiera hecho las pases con la otra.

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