La carretera se abre derecho al ritmo del ska, aun no es mediodía, allá vamos de nuevo cual tres mosqueteros a una lucha más…

 

…REÍMOS. A lado derecho de nuestro camino aparecen a lo lejos las pirámides esas que un día levantaron los teotihuacanos y hoy son punto obligado en toda visita de extranjero a México, pero nosotros vamos allí donde esos vestigios teotihuacanos ya no son ruinas sino gente, grafiti y rap, al menos esta tarde.

De las bocinas suena un bajo fuerte con ritmo de drum and bass, IDM, los géneros han llegado a mezclarse en un hermosos mosaico, el rap ha dejado atrás sus bases rítmicas aburridas para dar paso a nuevos beat que de inicio hubieran parecido incompatibles. En la actualidad el rap en Estados Unidos goza de buena salud, hoy en los chart de popularidad se puede leer nombres como Kendrick Lamar en los primeros lugares pero en México ¿qué pasa? Hoy lo venimos a descubrir.

De frente en una gran pared los murales nacen, todos con su grado de interés y técnica, dejan ver cómo un músico popular toca su trompeta junto a una máscara de rasgos teotihuacanos y el coyote que sopla el caracol… nosotros, refugiados a la sombra del árbol, miramos caer la tarde con su Sol implacable, las personas comienzan a llegar, la cerveza corre, resbala por nuestras gargantas, la felicidad se condensa en un vaso.

La intención es apoderarse de las bardas por medio del grafiti (pinta), tomar un espacio, dotarlo de un atractivo visual y escuchar el aliento de los rappers, hoy estamos aquí haciendo eso, dos jóvenes toman el micrófono, uno se anuncia con bandera de La Merced de la gran Tenochtitlán, inician con un poema, el moreno de playera azul marino recita con ritmo, con pasión los beat suenan, el bajo un poco volado, las letras son crónicas de mañanas, tardes y noches, son respirares hondos, son sentimientos, la tarde avanza entre rima y vueltas de canción, entre cervezas que van de mano en mano, de alegrías y cantos como lo hicieron hace siglos, los macehualtin nos juntamos a nuestro ritual, imagino Teotihuacán y sus barrios y nos imagino a todos como parte de esa gran metrópoli que fue.

Gente de varios sitios ha llegado, unos a cantar al ritmo del MC que toma posición, la noche ha caído, nos ha abrazado, nos llena de júbilo, de nuevo imagino a los pipiltin de aquella ciudad, hoy ellos no están aquí o al menos no andan con sus collares de jade, todos macehualtin, todos bebemos del mismo vaso y sentimos las mismas injusticias que suceden, a todos nos cuesta horas trabajo estar aquí en este país donde si bien los imperios se fueron hace siglos, nos rodea una tiranía de otra índole, esa que deja que los macehualtin nos robemos entre nosotros, esa en la que los mecanismos de representación parece que no sirven, no recuerdo haber sentido antes, como el día de hoy, esa ruptura entre mi sociedad y la verdad, entre la lógica y la coherencia. ¿Por qué nos gustan las desigualdades? Se pregunta F Dubet y su explicación aún no me convence.

El rap como toda manifestación cultural sufrió su sincretismo, hoy venimos a danzar teotihuacanos, mexicas, zapotecos, toltecas… todos cabemos en esta gran chancha de juego de pelota, aquí nadie será sacrificado al ritmo de una música que nos trajeron los conquistadores, la globalización, pienso en que quizá el rap tenga más parecido al huapango.

A lo lejos miro las pirámides del centro ceremonial, el autobús avanza, me regresa a mi sitio, vuelvo a mirar a mi alrededor a todos los macehualtin, me entrego al sueño presa del cansancio.

 


RECOMENDACIONES

Para leer: Historia Mínima de México. COLMEX

Para escuchar: Teotihuacan Rap

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