No canto al amor, porque es cruel como el lobo. No aplaudo al amor, porque en inocente sangre se envuelve. No halago al amor, porque sus garras lastiman, no lo recibo hoy, porque me duele. Traté de huir, y la bestia me atrapo. Busqué salida, y en fría jaula me encerró. Quise desecharlo de mis costillas pero su madriguera ya cavó.

Sale de cacería, humedeciendo sus garras con formol para sedarnos con caricias y besos empapados en alcohol. Aúlla en las débiles montañas de tu alma para arrancar a zarpazos todo pensamiento y sensación. La mente no entiende mi razón y menos el nefasto palpitar de mi corazón. Oscuro sonido lleno de tentación, que solo busca succionar la miel de nuestra pasión.

¿Para qué cantarle al amor, si se ha apagado mi voz? ¿Para qué recibirlo con bombo y platillos, si nos pudre en el interior? ¿Para qué darle cabida en mí cuerpo, si alguien más me exilió? ¿Para qué enterrarlo, si el desgraciado ya me sepultó?

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