Porque un #HastaQueYoMuera no es suficiente para hablar de las chichis.

TENER chichis, senos, bubis, debería ser considerado un superpoder, digno de pertenecer a DC Comics o Marvel; digno de monumentos, preseas y reconocimiento mundial. Tener chichis debería ser de lo más preciado para cualquier persona.

Por eso es importante tocarlas, mamasearlas, chuparlas. Cuidarlas. El sabrosear esos ‘ojitos pispiretos’ no es solo un lujo, es una obligación.

Como toda obligación, el no acatarla puede traer sus consecuencias. Terribles consecuencias. Desafortunadamente en México, el cáncer de mama es la primera causa de muerte por cáncer en mujeres. En el mundo, tan solo en 2015, se registró más de medio millón de fallecimientos a causa de esta enfermedad.

El cáncer de mama parece estar asociado a mujeres de más de 40 años pero la realidad es que esta ‘gripe maligna y desgraciada’ afecta a edades cada vez más tempranas y tampoco se limita al sexo femenino; si bien la tasa es baja, hay hombres que también la padecen.

A esta enfermedad le vale madres si eres rico o pobre, joven o viejo, hombre o mujer. Todas las chichis son susceptibles a padecerla: desde las chiquitas talla corpiño, hasta las separadas y peludas de un varón. Todas, absolutamente todas, merecen ser manoseadas.

Hacerse la autoexploración es una cosa sencilla y bien se puede hacer sola o acompañada. Basta estar desnuda (o desnudo) un momento frente al espejo y acariciar delicadamente a esos cerritos o montañas; conocer su forma, su caída, sus fluidos. Hacerlo en compañía hasta garantiza un momento placentero; el sentir una mano amiga recorriendo a estas muchachitas, puede ser el preludio para que ‘se arme la carnita asada’ con nuestro acompañante.

Hace poco, por cuestiones laborales, tuve que empaparme del tema y me encontré con campañas buenísimas para prevenir el cáncer de mama. Hace no mucho, por cuestiones personales, sufrí la pérdida de una persona especial por culpa de esta chingada enfermedad.

Por eso me preocupa el tema. Ella, mi persona especial, tenía apenas 22 años cuando fue diagnosticada. Ella, la de los escotes profundos, tenía toda la vida por delante cuando una vuelta culera de la vida le hizo pasar por catéteres, quimioterapias y cirugías. Ella, la del vuelo interrumpido, fue la prueba fehaciente de que al cáncer le da lo mismo tu edad, tu sexo, tus planes, tu vida.

El cáncer de mama no es un tema que deba tomarse a la ligera. Cuidar de nuestras chichitas o chichotas debe ser tan importante como cualquier otra cosa que consideremos prioritario.

Aprovechando la fecha y este espacio, las y los invito a darse una manita. A agarrar nuestras chichis por los cuernos y cerciorarnos que no escurra algún líquido extraño, que estén del mismo tamaño, que no se vean moreteadas, que no se palpen magulladas. Pareciera una frase bastante trillada pero manosearnos las chichis de vez en cuando, puede salvarnos la vida.

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