Siempre me cuesta trabajo despertar, dormir es lo mío, claro, cuando logro dormir, ya que tengo insomnio desde la adolescencia. Así que una vez que mis ojos descansan y mi mente se adormila, disfruto mucho reposar entre las cálidas sábanas de mi cama…

Y no hay cosa que me moleste más que tener que levantarme temprano. No soporto esa soledad infinita que me abraza cuando ni el Sol se ha dignado a salir al mundo. Es es para mi una tragedia griega tener que salir de casa antes de las 8 am para asistir a una reunión o hacer un viaje. 

Lo ideal sería dormir hasta las 10 y despertar sin apuraciones ni premuras; incorporarse poco a poco a la realidad para despojarse con tranquilidad del onírico mundo, despertar a esa hora es un gesto autodeterminado que no está impuesto por las convenciones sociales, que para mí es adecuado hasta biológicamente, pero por desgracia no empata con los horarios laborales o escolares. 

Sin embargo, hay un refugio cálido a la inconformidad matutina, hay algo que me ayuda a despejar la mente y avivar el cuerpo; me consuela saber que ese rincón de la casa es un sitio para recomponerme antes de tener que enfrentar un día ajetreado, una lista infinita de actividades o reuniones maratónicas sin tregua. 

Tania, toma un baño, me repito para verme obligada a levantarme; arrastro mis pies hasta el recinto de azulejos azules y olor a jabón, donde uno se limpia y arroja sus desechos. Es la primera parte del ritual; me despojo del pijama y casi sin pensarlo me adentro en la lluvia caliente que sale de la regadera. Ése es, sin dudar, el mejor momento del día, el agua recorriendo cada recoveco de mi humanidad; cae suavemente sobre mi cabeza, pasa por mi cabello ensortijado, besa mis ojos y mejillas, acaricia mis brazos, baja por mis senos, llega a mi vientre, a mi sexo, pasa sigilosa por los muslos y se cuela entre los dedos de los pies… me abraza entera. 

Hace circular mi sangre, oxigena mi cerebro, da tranquilidad a mi mente, reconforta mi alma. 

Disfruto el baño, puede ser algo simple, cotidiano, algo que forma parte de una rutina, algo que debe hacerse y punto; para mí, es un espacio de recogimiento, 10 minutos en los que puedo estar conmigo, pensarme y contarme cosas que quizá en otra circunstancia no me diría.

Durante el baño, generalmente pienso en lo que ese día me depara, la ruta que debo seguir según el lugar a donde vaya, qué ropa usar, qué bolso llevar, qué zapatos (cosa que siempre depende de cuánto deberé caminar)… ensayo lo que hay que decir y priorizo las tareas pendientes. 

Nuestro cuerpo está conformado agua al 70 por ciento, nuestras lágrimas no son sino agua que se escapa de nuestras pupilas, el agua limpia transforma y nutre, cada gota se adapta: corre en un río si es necesario para llegar al mar, tengo mucho que aprender del agua.

Hacer Comentario