El punto puede ser visible o invisible, pero por encima de todo, irrelevante, cercano a lo que podríamos considerar como un cero.
Siempre es necesaria su presencia entre el puente de habla y del silencio.

-Kandinsky-

Más que un agujero, veo un acceso o una salida, una especie de mediación que la muralla, cualquiera que sea y donde quiera que esté, concede a los lados que divide. La muralla acepta al agujero como una forma de negociar su existencia: agujerar antes que derribar.

Es difícil determinar si hay un adentro o un afuera cuando estás frente a él, no importa si carece de las dimensiones perfectas de, por ejemplo, una circunferencia; hasta la forma más irregular tiene todo el poder de arrebatarte la seguridad, porque es así: un agujero en una muralla es estar expuesto, la posibilidad de dejarse mirar tal cual se es, una manera controlada de abrirte a quien te cerraste, o la oportunidad de dar un vistazo a lo que te negaste, a lo que ni siquiera sabías que existe.
Hay claros riesgos al asumir la filtración que promueve un agujero desde sus dos perspectivas de la muralla, va más allá de permitir el ingreso de la luz, o del viento, o de la visión. La integridad de tu muralla corre un grave peligro y, con ella, tu ya quebrantable proteccionismo.
Es verdad, puedes cubrirlo o resanarlo si la amenaza te impide dormir, pero la marca permanecerá ahí, recordándote todo lo que ha podido ser y no ha sido, o lo que podría ser si lo vuelves a abrir, la zozobra suele ser la peor de las acompañantes.
No digo todo esto porque lo teorice, por algunos años, toleré al agujero y hasta lo convertí en mi estandarte. Supe capitalizar los recursos que me otorgaba, cómo mirar cuando pasaba sin que diera cuenta. Lo hice una y otra vez, tanto que olvidé todo lo que de mí se pudiera filtrar al exterior.
Pero toda decisión, toda práctica amerita una consecuencia de justo pago, y después de un tiempo uno comienza a desear más que ver. Es entonces que el agujero comienza a crecer, de manera gradual, a costa de la muralla. La caída trozo a trozo no parece tan alarmante con la oferta nueva que te extiende el agujero creciente, hasta que sin darte cuenta el agujero deja de existir, es entonces cuando hay tiempo de reconstruir la muralla en ruinas.

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