Una foto suya ilustra la contraportada de uno de sus libros y la imagen atrapada puede embelezar a cualquiera: ojos grandes y profundos, nariz de contorno impecable, labios seductores, rostro angelical y personalidad cautivadora. María Luisa Ross (era “insoportablemente bella”, como dice una canción. Ningún biógrafo especifica el año en que nació.

Nieta de célebres exploradores del Polo norte, hija del reconocido doctor Alejandro Ross, escocés, y Elena Landa, de abolengo español. Nació el 14 de agosto de 1887, en Pachuca, Hidalgo. La solvencia económica de su familia determinó que fuera educada en excelentes colegios privados, donde el ejemplo de sus maestras la hizo anhelar convertirse en una mujer dedicada a la academia.

Vivió también en Tulancingo, Hidalgo y de ahí se dirigió a la Ciudad de México para realizar sus estudios superiores hasta graduarse de maestra normalista. Después de obtener el título ingresó a la escuela de Altos Estudios para cursar literatura estética. También estudió declamación en el Conservatorio Nacional. Llegó a ser profesora de lengua nacional y de literatura en la Escuela Normal, también impartió las clases de lectura estética y recitación en el Conservatorio Nacional.

Moverse en los espacios académicos le dio la oportunidad de relacionarse con los intelectuales de la época. Fue amiga, alumna y hasta musa de reconocidos creadores mexicanos. Se afirma que Luis G Urbina le escribió el poema Metamorfosis. También se dice que impresionó a Justo Sierra cuando la escuchó dar una conferencia, desde entonces fue su maestro y guía que le abrió muchos espacios en el ámbito cultural mexicano.

Fue Urbina quien la inició en el periodismo, principalmente para que diera a conocer sus primeros textos literarios. El primer espacio periodístico que consiguió y lo aprovechó para publicar poemas o cuentos, poco después ensayos y artículos periodísticos. Según algunos biógrafos ese mismo diario le dio la oportunidad de coordinar una página exclusiva para damas.  También colaboró en El Mundo Ilustrado, donde sus trabajos le dieron prestigio social.

En reconocimiento a su capacidad periodística, el gobierno de Adolfo de la Huerta la invitó a representar a nuestro país en España para dar conferencias sobre el acercamiento intelectual entre ambos países. El viaje la nutrió culturalmente y después de visitar  Europa, 1903 – 1910, regresó con diversas ideas y proyectos concretos, entre ellos fundar un espacio femenino que apoyara el desarrollo profesional de las mujeres mexicanas al contactarlas con las europeas. Así creó  la Unión Feminista Iberoamericana, donde buscó alentar la fraternidad y comprensión entre las mujeres de los países iberoamericanos.

El 14 de noviembre de 1913, a la edad de 22 años, María Luisa Ross Landa fue entrevistada por el periódico más importante de la época, El Imparcial. Si bien su postura es absolutamente conservadora, destaca su preocupación e interrogante abierta. Reconoce que la presencia femenina en los escenarios sociales ya es inevitable, más que ganada a pulso femenino pero duda que la sociedad se beneficie con ello:

El sitio de la mujer es el hogar y su misión la maternidad. Cierto, hay mujeres que por influencia del medio o por exigencias imperiosas del vivir social, económicas principalmente, se ven a veces en enfadoso caso de invadir los dominios de lucha propio de los hombres; no me aparto de ello. Por eso dije en mi conferencia que sólo en casos especiales y absolutamente por excepción pueden tolerarse ciertas manifestaciones del feminismo. Porque el día en que todas las mujeres sean abogadas, doctoras, ingenieras, mecánicas, dependientes de comercios, etc. ¿Quién cuidará de mantener vivo el sagrado fuego del hogar, base de la familia piedra angular del Estado?

En 1917 escribió el argumento de la película Obsesión, donde actuó. De igual manera participó en otras películas como Triste crepúsculo (escrita también por ella) y Naciste turista.

Su inquietud intelectual encontró espacio también en las reuniones de El Ateneo de la Juventud, a las que no sólo asistió como simple oyente sino que ayudó activamente. Las maestras ateneístas recibieron un gran apoyo para elaborar libros de texto. Así, de 1912 a 1924, María Luisa pudo publicar cerca de siete libros. El  primero se  tituló Cuentos sentimentales. A éste le siguieron otras publicaciones: Rosas de amor, Antología universal contemporánea, La culpa y Así se conquistó España. Por su obra fue descrita por sus contemporáneos como una escritora fecunda y variada, que escribió con facilidad la prosa y el verso.

Colaboró en la página femenina del periódico La Prensa –San Antonio Texas- , donde varios de sus textos se centraban en orientar al público infantil para que identificaran a los personajes centrales de la historia de México:

“El último rey azteca Cuauhtémoc es una de las figuras más grandes de nuestra historia antigua. Fue el último rey de los aztecas, habitantes de lo que es hoy la Ciudad de México. Eran estos indígenas valientes, arrojados, inteligentes. Su civilización asombró a los conquistadores a pesar de que venían de España, la nación que, entonces figuraba en primer lugar por su progreso. 122 Cuauhtémoc, cuyo nombre quiere decir águila que cae, defendió su patria con gran denuedo, resistió con sus valerosos soldados, el sitio de la ciudad que duró muchos días y que hizo sufrir a sus moradores todos los tormentos del hambre y de la sed. Cuando al fin, fue hecho prisionero y llevado ante Hernán Cortés, jefe del Ejército español, el bravo indio, señalando el puñal que el conquistador llevaba al cinto, dijo con voz enérgica: ─ ¡Toma este puñal y mátame ya que no he podido morir mientras defendía la independencia de mi patria!”

Aunque también, en ese mismo espacio, escribió sobre representaciones femeninas que marcaban la fe del pueblo mexicano, como lo ha sido la Virgen de Guadalupe. En algunos otros textos, aunque el personaje era masculino, delataba sin duda su pesar cuando se encontraba fuera del país:

¡Jamás, jamás, madre mía, sentí tan intenso, tan grande, tan hondo, el amor por la patria y por el hogar! Ayer fue día de fiesta nacional en este país. […] ¡Qué contentos estaban! El júbilo los había hecho perder el apetito. […] Yo también pensé en mi México; en su amplia Plaza de la Constitución, en su elegante avenida Juárez; en todas las calles adornadas con gallardetes y festones, con banderolas y farolillos, los días de fiesta nacional. […] Martin me relató las magníficas cabalgatas que se organizaban en su tierra con motivo de las fiestas patrias. Yo le describí las brillantes “formaciones” del 16 de septiembre y del 5 de mayo y las animadas que, con el nombre de “luces” hacen en los barrios. […] Yo le canté algunas estrofas del Himno Nacional mexicano. Para distraerme un poco y alejar aquellas ideas angustiosas, […] buscaba un libro de viajes que me gusta mucho, cuando mi mano rozó con un lienzo doblado, metido hasta el fondo del baúl: era una bandera mexicana, que me hizo mi hermana Alicia una vez que quise poner un dosel al retrato de Hidalgo. Aquel hallazgo fue providencial. Estreché sobre mi pecho la querida tela tricolor y corrí a mi cama. Me acosté cubriéndome con la bandera desde mi cabeza, y me dormí tranquilo; pues parecía que aquel delgado lienzo era un pedazo del cielo de mi patria, que me cobijaba amorosamente. Dormí toda la noche soñando […] oyendo como por milagro, claros, fuertes y sonoros, los marciales acordes de mi amado Himno Nacional.

Fue invitada a formar parte del cuerpo de redacción del recién fundado diario El Universal, donde escribió durante varios años. La misma empresa periodística quiso que se hiciera cargo de la dirección de El Universal Ilustrado, aunque oficialmente el puesto otorgado por ser mujer fue el de secretaria de redacción. Durante este periodo la conoció Ibarra de Anda, que declaró sobre ella:

“Inconscientemente, de seguro, esta dama hizo creer al público mexicano que todas las periodistas deben ser hermosas. Como es una de las primeras que intentaron el reporterismo entre nosotros, el público que la conoció se forjó la exigencia de que todas las que escriben en periódicos tienen que ser bonitas.”

Aunque el mismo periodista, y autor del primer libro que recupera la presencia femenina en la prensa (Las mexicanas en el periodismo, 1936), le dio voz a la misma Ross y permitió que ella misma explicara su presencia en los espacios periodísticos:

“Durante los años en que fui periodista, escribí desde algunos editoriales hasta reportazgos sencillos; fui cronista de sociedad, de teatrales, traductora de francés e italiano.”

A la par de sus actividad periodística recibió nombramientos administrativos por parte del gobierno posrevolucionario. Fue directora de la Biblioteca del Museo Nacional.

Cabe destacar que en su tesis de maestría, Rosalinda Sandoval Orihuela destaca una gran aportación de Ross, pues la considera fundadora de la radio de la Secretaría de Educación Pública actualmente Radio Educación. La investigadora afirma que María Luisa Ross fue la primera directora de la Radiodifusora de la Secretaría de Educación Pública (SEP), lo cual representó “un reconocimiento a Vasconcelos porque seguía vigente su idea de colocar a gente creadora, joven e intelectual  frente a los proyectos educativos más importantes,  cargo que para su época era difícil que ocupara una mujer.”

María Luisa Ross, consideró que uno de sus principales objetivos al estar al frente de la estación radiofónica de la SEP era proporcionar tanto a la población escolar como extraescolar, educación y cultura. Ella creó un gran equipo de colaboradores entre los que estaban Narciso Bassols, Jaime Torres Bodet, Agustín Yáñez, José Gorostiza, Xavier Villaurrutia y Carlos Chávez.

El 30 de noviembre de 1924 fue inaugurada la estación de radio y el primero de enero de 1925 María Luisa Ross se hizo cargo de la emisora, con las siglas CZE. En la investigación, Rosalinda Sandoval Orihuela recupera toda la programación que se transmitía y que seguramente fue estructurada con el visto bueno y la influencia de María Luisa Ross. Programas dedicados a la educación infantil, a la salud de la familia, a reflexiones de temas sociales, informativos. Incluso, durante ese periodo que fue directora de la estación ella decidió transmitir en vivo la noticia del asesinato de Álvaro Obregón en el lugar llamado “La bombilla” en San Ángel, Ciudad de México. También recuperó fotografías de María Luisa Ross, su registro original como profesora ante la Secretaría de Educación Pública, sus calendarios de programaciones,  sus agendas de transmisión y hasta su acta de defunción. La reconstrucción de la presencia e influencia de María Luisa Ross en la radio educativa mexicana queda entonces confirmada.

Fue en este periodo que escribió ensayos muy formales que fueron utilizados como libros de texto. Dichas obras son: Lecturas selectas (1922); Memorias de una niña, (1923 ); Memorias de una niña (1924); El mundo de los niños (1924); El mundo de los niños (1925); Lecturas instructivas y recreativas (1925). También fue presidenta de la Sociedad de Autores Didácticos Mexicanos y miembro de la Comisión Permanente del Congreso Nacional de Educadores. Existen datos que la consideran fundadora de la Cruz Roja Mexicana. Luego de una larga y penosa enfermedad, María Luisa Ross murió, sin más compañía que sus recuerdos, en el Hospital Militar el 12 de junio de 1945.

El 20 de febrero de 2015 sus restos fueron colocados en la Rotonda de Hidalguenses Ilustres. Y se dice que cuando pasas por el lugar, el viento de la Bellairosa murmura el poema que María Luisa Ross le inspirara a Luis G Urbina, para volverla eterna:

Era un cautivo beso enamorado 
de una mano de nieve, que tenía
la apariencia de un lirio desmayado
y el palpitar de un ave en la agonía.
Y sucedió que un día,
aquella mano suave de palidez de cirio,
de languidez de lirio, de palpitar de ave,
se acercó tanto a la prisión del beso,
que ya no pudo más el pobre preso
y se escapó; mas, con voluble giro, 

huyó la mano hasta el confín lejano, 
y el beso que volaba tras la mano,
rompiendo el aire , se volvió suspiro.

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