Tira del mundo, toma una cuerda, átalo y tira, sobre la cuesta, a dos ruedas…

Analistas políticos, historiadores, líderes de opinión y hasta ecologistas teorizan sobre una tercera edición de la Gran Guerra. La fragmentación del mundo es  inminente y los ánimos elevan la temperatura como frijoles en la olla exprés. Sin embargo, hay un conflicto no bélico pero de efervescencia silenciosa que llevaría al colapso de la humanidad: la confrontación biciclo-automotor.
Así lo interpreta el documental sueco de Fredrik Gertten, Bikes vs cars o Bicis contra carros, estrenado en 2015 y en la escena nacional presentado por el Festival Ambulante que también visita la Bella Airosa hasta el 21 de octubre.

El tema de la movilidad, principalmente en las grandes metrópolis del orbe, nunca tuvo tanta urgencia como en los últimos años, cuando una política pública de transporte depende en gran medida de las compañías productoras de autos, generados casi al ritmo de un producto de la canasta básica.

Con el paso del tiempo es cada vez más fácil hacerse de un cochecito usado, de agencia, al chaz-chaz, en pagos chiquitos, en renta, prestado, robado… El parque vehicular crece a pasos agigantados y las ciudades destinan grandes extensiones para estacionarlos, incluso sobre los espacios que servirían para que las personas vivan.
Ante la conquista del imperio del automotor, la alternativa ecológica y de salud pública de la bicicleta aparece como una amenaza. Primero, a las firmas automotrices cuya misión es producir, producir, producir y producir carros, carros y más carros… tantos como sea posible, sobre una meta horrorizante que apuesta por el ‘auto per cápita’.
Después a los gobiernos, cegados por el poder y negados a la construcción de ciclovías que restarían
espacio al coche para el que tanto gastó en kilómetros de asfalto o cemento hidráulico. Y al final, a los millones de personas atraídas por el sueño de tener un vehículo sobre ruedas, sinónimo de la superación y la supremacía.

¿Te imaginas qué sería del mundo si por cada habitante existiera un automóvil potencial consumidor de combustible fósil, exhalante frecuente de materia contaminante y con voz estridente para hacerse uno en el ruido urbano?

Sobre este planteamiento va el documental de Gertten, quien toma una cuerda, ata el mundo al cuadro de su bici y tira de él sobre una pendiente que destroza los muslos por la fuerza del pedaleo. En la travesía, hace escalas en Los Ángeles, la ciudad que en su momento figuró como el ejemplo de movilidad y que antes de albergar la Meca del Cine, quiso llamarse capital mundial de la bici. Hoy esa idea es lejana.
También visita Sao Paulo, el monstruo sudamericano donde activistas cuelgan a menudo una bicicleta blanca por la muerte de otro ciclista atropellado, el conteo de decesos por esta causa no deja de aportar registros ni en los días de asueto.
Gertten va a Toronto, donde el alcalde decidió que las ciclovías tenían que ser eliminadas pues constituyen un estorbo a los autos, ya que las ciudades están hechas para los automovilistas, no para los ciclistas.
El cineasta dirige el manubrio a las Europas, donde está Copenhague, allá el rumbo está dictado por el biciclo. Las personas prefieren pedalear a pisar el acelerador, y en el mismo continente la gigante alemana, donde la canciller Angela Merkel, una de las mandatarias más poderosas, recibe sobornos de las firmas de autos para pararle el ritmo a las leyes antimotor.
Gertten visita a todas las instancias posibles para entender por qué el odio se instaló entre ciclistas y conductores de coches: ayuntamientos, transeúntes, urbanistas, empresarios, víctimas. Explora terrenos donde lucirían, donde lucieron y donde lucen las veredas formales para la circulación diaria a dos ruedas.
En el documento periodístico y cinematográfico apenas aparece la Ciudad de México, como una ráfaga que recuerda un país de economía emergente que ya es blanco de un engaño. Villas en Puebla, Guanajuato, Valle de México, Querétaro, Jalisco, Sonora, Coahuila o San Luis suben a la cima del “desarrollo”. Se convirtieron ya en matrices del auto. Le harán la competencia a Brasil o a China para hacer del país el principal productor
de coches en el mundo. El principal proveedor de municiones al malo de la gran Guerra contra las bicis.

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