Cuando el cielo se pinta de anaranjado (ser mujer en México), de Irma Gallo

 

¿ESTE es un libro feminista?
Espero que sí, intento que lo sea. Porque todavía hay mucho que decir y que escribir sobre el feminismo.
Mientras haya mujeres asesinadas por el solo hecho de serlo.
Mientras haya mujeres encarceladas por abortar.
Mientras haya mujeres encarceladas por decir NO a la violencia que sus parejas ejercen contra ellas.
Mientras haya mujeres que nacieron con sexo biológico de hombre y que se niegan a vivir como la sociedad dice que deberían hacerlo.
Mientras hayas mujeres violadas y encarceladas porque se defendieron y mataron a su agresor.
Mientras haya mujeres que enseñan a otros, migrantes como ellas, a contar sus historias para no caer en el olvido.
Mientras haya mujeres artesanas que se asumen como líderes y hacen “a un lado” a sus hijos por perseguir su objetivo.
Mientras haya mujeres que se “aguanten” la depresión postparto porque todo el mundo les dice que deberían estar disfrutando al máximo “la mayor bendición de sus vidas”
Mientras haya mujeres que busquen en el teatro una alternativa a sus vidas de violencia.
Mientras haya mujeres mayores que viven en completa soledad y abandono porque se dedicaron al trabajo sexual.
Mientras haya mujeres separadas de sus hijos por buscar una vida mejor sin documentos… Mientras…

 

 

Y desde las primeras páginas del libro titulado: Cuando el cielo se pinta de anaranjado (ser mujer en México), Irma Gallo nos lanza esta pregunta provocadora, así como las pautas para responderla.Y yo le respondo a nuestra autora, periodista cultural, mujer llena de sororidad que sí, que este libro es feminista.
Sus eternos “mientras” permiten afirmarlo, augurarlo, presagiarlo, jurarlo.

Es un libro feminista por los colores de cielos que nos va prometiendo y dibujando, porque mientras haya un cielo para colorear con trazos de un feminismo violeta de día y morado de noche. Mientras decidamos dar a cada firmamento nuestras pinceladas de mujer, con tonos femeninos, con inspiración de género, con pasión feminista.

 

Mientras podamos seguir pintando el cielo, la esperanza de ser mujer y vivir una vida digna seguirá latente

 

Es un libro feminista mientras una mujer como ella, tome las palabras de las otras y las transcriba con respeto, con sensibilidad, con fuerza. Porque nos permite llorar la muerte de una mujer que no conocimos, pero se parece a nosotras. Porque en alguna de sus historias compartimos el coraje-pavor-dignidad de la chica que mató a su violador. Porque podemos sentir esa vulnerabilidad cuando se descubre que habitamos el cuerpo que no corresponde con nuestro sentir. Ese miedo infinito de toda madre cuando sospecha que les arrebatarán a sus hijos sin un poco de misericordia ni piedad. Romper el mito de la maternidad porque muchas veces no deseamos ser madres, nos da miedo ser madres, decidimos no serlo.

Es un libro feminista, querida Irma, porque observas con el corazón en la mano sin perder esa mirada analítica y esa intuición crítica que en este siglo XXI las mujeres seguimos en desventaja, no hay equidad más que en los discursos oficiales, no hay respeto más que en falsos juramentos, no hay convicción de creer en nuestra fuerza femenina más que en declaraciones oficialmente falsas. La gente en el poder, la sociedad sexista, los machos ingenuamente reforzados por otras no creen en nosotras, la diferencia de nuestros cuerpos sigue marcando desigualdad, y lo denuncias, lo señalas, lo reiteras, lo permites sentir… las mujeres seguimos en desventaja en esta sociedad patriarcal.

Es un libro feminista porque NO victimizas a las mujeres ni tampoco las sublimas, construyes contextos donde los testimonios recuperados dan voz a la discriminación y a la injusticia, a la incomprensión y los prejuicios, al machismo latente en todo escenario, a la misoginia que nos mata, a la rabia contenida, a la impunidad de todos los días, ser mujer y resistir, buscar estrategias de sobrevivencia, quererse bien pese a todo.

Cuando el cielo se pinta de anaranjado (ser mujer en México) es un libro de testimonios que Irma Gallo escuchó con el alma para provocar que volteemos al cielo, no para rezar ni para maldecir, no para olvidar los milagros ni para santificar a nadie, sino para confirmar que ser mujer en pleno siglo XXI es la aventura más difícil que vivimos cada una de nosotras porque no creen en nosotras, porque somos frágiles, adornos para botar, cuerpos sin nombre, una estadística más en los casos de violencia y feminicidios. Mujeres que morimos abandonadas en un lote baldío, mujeres que debemos seguir en silencio, mujeres invisibles, casos para olvidar.

Y al sospechar estas perspectivas, al palpar estas actitudes tan negativas, Irma Gallo escribe para denunciarlas, para hacernos recordar lo injusta que es nuestra sociedad con nosotras y en cada caso compartido -siempre ocurridos bajo un cielo donde el Sol se esconde, donde el Sol agoniza- la desesperanza nos apabulla, la impotencia hace apretar los puños, el dolor, llorar por una mujer que no conocemos, pero cuya historia nos duela, ¡ay! Cómo nos duele.

Pero ser feminista no solamente significa señalar y denunciar, ser feminista también está representado por el actuar, por la necedad de hacernos visibles, por la apuesta de mejorar nuestra decisión, por mejorarla y no conformarse, ser feminista es seguir siempre en la lucha, amando a nuestras semejantes, preocupándonos por ellas, tomando decisiones para mejorar nuestras condiciones de vida, alianzas generosas y necesarias entre nosotras, tomarnos de la mano de los hombres que nos quieres y queremos, porque las feministas amamos la vida y nos queremos bien.

Por eso, Irma Gallo nos da muchos destellos de esperanza, la certeza de que existe el cielo que también se pinta de naranja cuando el Sol decide salir otra vez, cuando después de la tormenta viene la reconstrucción, el coraje de seguir, de apostar por un nuevo día, la esperanza latente. Porque si bien los testimonios compartidos encierran historias dolorosas, también delatan la fuerza de cada una de esas mujeres que ante la adversidad buscan la forma de levantarse, seguir adelante, luchar, sobreponerse y avanzar, quererse y seguir adelante, fortalecerse, aunque todo parezca estar en contra suya, vencer, aunque ellas mismas crean desfallecer, quitarse la máscara sumisa y descubrirse en el espejo de la autoestima gozosa. El cielo es naranja cuando un amanecer promete un nuevo día, otra oportunidad, intentarlo con más fuerza, fortalecerla esperanza.

Es así como pese a lo desgarrador de cada historia, las mujeres a quienes Irma Gallo da voz no son fracasadas, ni miedosas, ni madres desnaturalizadas, son necias como ellas solas para levantarse, para rebelarse. Si las despojaron, intentarán recuperar lo que les arrebataron. Son valientes pese a las adversidades. Son únicas y conmovedoras, sus historias las hacen visibles, dan las pautas para creer en su fuerza. El libro delata los ambientes hostiles que las hunden en profundidades de horror y violencia. La autora no busca hacer un catálogo de víctimas ni de heroínas, ella quiere que escuchemos sus voces, que comprendamos su lucha y la hagamos nuestra. Que nos duela su muerte, pero también que nos identifiquemos con sus historias para que la sororidad no sea una palabra de moda, sino la verdadera garantía de empatía y solidaridad entre nosotras.

En cada lugar que leí este libro -viajando en el metro, esperando a una amiga, de la Ciudad de México a Pachuca, en mi cautiverio solidario, en la comodidad de mi cama- derramé lágrimas de impotencia, de compasión, de cariño, de identificación, de fuerza, de alianza para que ya no vuelvan pasar las injusticias que palpo, de consignas dichas con el alma y tatuadas en mis acciones: Ni una más.

Cuando el cielo se pinta de anaranjado (ser mujer es México) nos permite leer testimonios que borran distancias y egoísmos patriarcales, pues nos logra persuadir de lo importante que es pasar del Yo al nosotras. La violencia no les pasa a las otras, todas podemos vivirla. La discriminación no les pasa a las otras, cualquiera podemos vivirla. En este libro palpamos mujeres que descubren sus valores y los tratan de llevar a cabo, que dicen lo que les parece bien y por qué, y traten de hacerlo y señalan lo que les parece malo, que hablan en voz alta lo que piensan, lo que les interesa, lo que no desean, lo que no merecen, lo que van a lograr, lo que van a cambiar porque el feminismo ha logrado sacudir a esta sociedad, cambiarla, exigir que nos pida disculpas, creer en nosotras, pese a todo.

En este libro no hay una verdad única, se demuestra que las mujeres están en constante búsqueda, que su exigencia es repensarlo todo, lo público, lo privado, lo individual y lo colectivo. Se muestra voluntad de debatir y polemizar, de dar argumentos y contrargumentos, de criticar y autocriticar, una insistencia en armar y desarmar supuestos y presupuestos para evitar las petrificaciones que nos paralizan, que nos asustan y transformarlas en valor, en fuerza, en necedad eterna de ser lo que deseamos ser, mujeres queridas, mujeres respetadas, mujeres con sueños, mujeres dueñas de nuestras vidas. Y esas son las pautas que marca el feminismo. Por eso antes de leerlo y después de leerlo, querida Irma Gallo, te agradezco que hallas puesto en mis manos un libro feminista.

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