De su boca se desprenden palabras escritas que me atraviesan,
son sonidos que acortan la brecha entre usted y yo,
cuentos que se cuentan en monosílabos,
ósculos perfectos, arrítmicos golpeteos que encuentran el acento exacto,
soliloquios no dichos que se leen con el pensamiento.

 

De sus manos salen colores,
formas incontenibles;
de sus manos que irradian frío, se desprende un calor inagotable;
de sus manos, como caudales, salen suspiros.

 

De sus pies surge el camino,
el antiguo, el futuro, el que se rima en el presente,
lo acompaña la muerte y la vida,
la soledad, la tristeza, el amor y el júbilo;
es compañía y rumbo.

 

De sus ojos
emerge el mundo,
salen las cosas, hasta las que están por inventarse;
de sus ojos salgo yo, para verle;
de sus ojos germina una luz inagotable.

De su mente,
de su deschavete, en realidad, nace la locura,
la coherencia irracional,
la terquedad y la ternura,
la verdad.

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