Si una audiencia con el Tiempo tuviera no le pediría más que curara mi felicidad del mal efímero

 

La oportunidad de un nuevo viaje bueno por los sueños volvió en la adaptación cinematográfica de Alicia a través del espejo; Linda Woolverton reescribió sobre el clásico de Lewis Carroll por segunda ocasión pero esta vez no lo entregó a Tim Burton, como lo hizo en el primer trance. La nueva entrega fue responsabilidad de James Bobin, quien, independientemente de si faltó o no a la originalidad del libro, nos ofreció un maravilloso ensayo visual sobre el tiempo.

Ya muchos locos teorizaron sobre el tiempo y su caprichosa relatividad; algunos ambiciosos siguen empecinados en desafiar las manecillas del reloj o detener con sus manos la arena que cae sin retorno por la angosta cintura de un recipiente de cristal que también cuenta y restringe los momentos.

Para Woolverton, el Tiempo tiene ojos profundos y sabios; es enérgico y celoso; engreído y vacilante.

La guionista decidió que los juegos en que Alicia se inmiscuye por la tradición literaria no son más importantes que el Tiempo; pocas referencias encontramos en la película del viaje que la chica emprende a partir de las casualidades de un tablero de ajedrez.

Lo que Alicia encontró a través del espejo tiene que ver en este ensayo visual con el problema del Tiempo y las imposibilidades que envuelve. El Tiempo es regente dictador, controla el destino general y también los destinos particulares con relojes de leontina; no hay para él margen de error, oportunidad para resarcir daños o lugar para el fantasma del arrepentimiento.

El director James Bobin nos presenta un Tiempo rígido en su naturaleza con elegante perspectiva inglesa, pero en momentos desaliñado, torpe, humano y abierto a la fantasía y la extravagancia sólo vista en los sueños de un  loco.

El Tiempo es un corazón mecánico y de disciplina rítmica pero también es un lunático caudillo a quien uno puede preguntarle si es verdad que cura las heridas; es un hombre vengativo que sabiéndose infringido en sus reglas de hierro, ofrece la libertad de conocer con los tropiezos propios que no hay manera de alterar el pasado, pero sí una gran oportunidad de aprender mejor de él para dominar el futuro.

Detrás de este nuevo espejo hay millones de relojes con cuerda de sobra para emprender un viaje bueno que te lleve al encuentro con el Señor del Tiempo, a quien puedes solicitar una audiencia para que te devuelva las felicidades que por alguna razón se escaparon como arena entre tus dedos.

Cierto es que el rumbo que tomó la película respecto a su padre libro es rebelde y transgresora, algunas dirán que nada tiene que ver con las cosas que escribió Lewis Carroll; sin embargo te invito a que pases por alto este clima de ingeniosa infidelidad, ya que los motivos de esta nueva historia te dejarán cautivado en un maravilloso manjar de sueños.

 

 

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