NUNCA, en la historia del México moderno, el desprestigio de la política y de los políticos ha sido tan grande: ni en el centro, ni en la derecha, ni en la izquierda parece haber perspectivas de cambio y mejoramiento a través de las vías electorales. La democracia aquí es una de las víctimas de la violencia criminal y de la torpeza gubernamental (Huerta. 2015).

VIOLENCIA tocó la puerta. El otro día intentó darme una propaganda de los Testigos de Jehová: no abrí la puerta, eran dos señoras de vestidos largos y sombreros de ala ancha, hablaban del fin del tiempo.

Con respecto a Colombia es diferente pero no menos grave, VIOLENCIA en nuestro país, desatada sobre todo por las ambiciones deformes de grupos criminales sin escrúpulos y por una conducta gubernamental errática, sospechosa e irresponsable, tiene rasgos mexicanos (Huerta. 2015).

También el otro día, en casa de mis padres, oí de VIOLENCIA. Dicen que vestía pantalón de mezclilla, que tiene piel morena y usa el pelo corto; intentó tocarle las nalgas a dos mujeres que caminaban por allí, quiso echarse a correr pero la detuvieron, después ya no supimos más. A VIOLENCIA, sin embargo, no tardaría en volverla a ver.

En México, una de las expresiones más retorcidas es la consagración del crimen como tema digno del arte (Huerta. 2015).

VIOLENCIA se me apareció un día en un corrido de 1994, iba en la primaria, bien que recuerdo ese casete de los Tigres del Norte: “amarrados los mataron por orden de un oficial, los espero en el Infierno, les dijo Palma Beltrán, a todos nos llega el turno y a todos nos llegará, ajusten muy bien sus cuentas, allí se las van a cobrar”.

El mundo ya no es digno de las palabras,
nos ahogaron adentro.
Como te asfixiaron,
como te desgarraron a ti los pulmones
y el dolor no se me aparta,
sólo queda un mundo
por el silencio de los justos,
sólo por tu silencio
y por mi silencio,
Juanelo.

-Javier Sicilia-

A VIOLENCIA la leí una mañana de domingo de elecciones en un lugar no muy lejano, las lluvias llegaron, esa día no escuché las campanas de la Iglesia ni visité a mi abuelo, viajamos por la carretea Madre y yo rumbo a Ciudad Capital a dejar a Hermana allí donde le enseñan cosas de científicos. No me gusta sentirme tan cerca de VIOLENCIA. La tarde tranquila, no hay tráfico, salimos de nuevo de la ciudad, esta impensable mancha de civilización nos abruma, por momentos callamos para mirar por las ventanas.

Sabe que el dolor es mudo. (Huerta. 2015)

Las palabras a ratos se terminan para expresar la sensación de desánimo ante la situación actual de este país en que nos tocó estar, no me gusta traer los pies mojados pero prefiero los tenis de tela por cualquier calzado, adentro escucho a dos mujeres hablar, una es mi compañera de vida, la otra mi carnala, no quiero oírlas, pero si pudiera decir algo quisiera que fueran por los tacos y que se sientan libres de ese ambiente hostil de afuera.

 

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LECTURA RECOMENDADA: Huerta David (2015) La violencia en México. Ed. La Huerta Grande. Madrid.

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