El barquito se tambaleaba y se sumergía y a veces se llenaba de agua, pero no se hundió (…). No sé dónde acabó por naufragar, si alguna vez lo hizo. Tal vez llegó al mar y allí navega eternamente (…). Sólo sé que aún estaba a flote en el seno de la inundación (…). Y allí abandonó esta historia para siempre

-Fragmento. Stephen King, It (1986)-

 

PROMETIMOS que volveríamos si Eso volvía. Nunca dudamos que se atreviera y cuando confirmó su regreso, 27 años después, nadie creyó que siquiera se acercara a la experiencia anterior. El payaso de Tim Curry es francamente insuperable.

¿Qué dirá Tommy Lee Wallace, el gran director de aquella exitosa miniserie de Pennywise en 1990? Hoy ya le pesan 68 años de vida, junto al escritor Stephen King, que ya tocó el séptimo piso, debe peinar su barba de veterano de cine, quizá su mirada condescendiente se hizo cristalina con la nueva inundación. Georgie volverá a morir pero esta vez no será en sus manos, es el turno del argentino Andrés Muschietti, apenas 27 años después y no más, ese barco de papel tuvo que caer de nuevo en la alcantarilla. Eso volvió y nosotros hemos tenido que regresar a la butaca, tal cual lo prometimos.

Y es que ya lo sabíamos, ni siquiera hay oportunidad o peligro de spoiler. Recordamos con tanta nitidez la nariz de un rojo estremecedor sobre maquillaje de blanco abismo y, por otro lado, hay un texto que no se baja de los bestseller para tener en cuenta cada detalle de la historia desde 1986, ¿qué nos va a contar Muschietti que no sepamos ya?

Para grata sorpresa sí lo hay. Andrés Muschietti habrá tenido 17 años cuando el primer Eso vio la luz de la pantalla grande y sólo 13 cuando Stephen King firmaba el primer autógrafo de su libro. Necesariamente tuvo que ser parte de la generación traumatizada, uno de los nuestros. Hoy no sólo llegó para cumplir con un remake que coincida en fechas para lucir más escalofriante, vino a representarnos a todos y, de alguna manera, dejar evidencia de nuestra réplica. Es como si Tommy Lee Wallace hiciera las veces de los siete niños que enfrentan por primera vez la maldición en Derry, Muschietti sería la madurez y el regreso de todos ellos, cuando, lejos de su pueblo, muy a su pesar se apresuran a cumplir la promesa. Eso volvió.

Entonces no hay factor sorpresa, ya hubo quien se encargó de atemorizar a la niñez noventera y sembrar la coulrofobia por generaciones, al cineasta argentino le corresponde el factor nostalgia, la conservación de los recuerdos, compartirnos, más que un refrito, su manera de vivirlo, la riqueza de su interpretación, de ahí que me tome el atrevimiento de declarar que It, la película de 2017, no quiere ser de terror, es más bien el ejercicio de evocar, de ofrecer la misma sensación que da cuando desempolvas el álbum viejo de la familia y disfrutas cada momento capturado en fotos amarillentas.

Los miedos aquí representados pueden llegar a ser escalofriantes pero no es su propósito, hay un interés y cuidado artístico que sobresale ante cualquier intención, cada aparición se convierte en un performance que combina las artes visuales con las artes escénicas y la música al servicio de la ciencia cinematográfica que se extiende sin pretensiones, como una adaptación muy respetuosa de la época, de la inocencia infantil, de las fantasías y de las ideas que a todos nos atormentan cuando apenas tocamos con el índice la pubertad.

Y el valor de la fidelidad se hace presente, ¿es Eso realmente la razón de la maldición en Derry? El pueblo ficticio está poblado por personas reales, con problemas reales y pecados reales. El libro de King es claro en esta idea, incluso, y no en contados momentos, parece que se torna a la denuncia de los sufrimientos de los más pequeños, los discriminados, los más vulnerados, ellos, los que prefieren desaparecer o dejarse llevar por la atractiva idea de flotar.

Gran mención merece el payaso en el rostro joven del sueco Bill Istvan Günther, sigue la misma prescripción de quien lo dirige, un actor que avanza a pesar del enorme antecedente que le encadena los pies. Tantas críticas le valió su sonrisa de dos dientes para afuera, su anticuado traje medieval. Nada que ver con Curry, quien por cierto recibirá un guiño en la película como un lindo detalle de homenaje. El nuevo Pennywise crece sin ser el centro del paquete de obsequios visuales que están listos para conquistarte, procura que su actuación valga más que su vestuario, que, al final del día, resulta un elemento no más trascendente que la integración de un proyecto que pasa la prueba de varios desafíos.

De esta manera nos vamos tranquilos, prometimos volver si Eso volvía, y mira de qué forma lo ha hecho. Esperamos ansiosos la siguiente entrega, seguro que el barquito de Geroge se mantendrá a flote aún en 2019.

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