Valak montó una pieza oscura de arte, se puso el vestido de la blasfemia y desfiló a coro con la fe burlada.

Un vívido retrato en la pared cobró vida… quizá para anunciar la muerte

¿Ya viste la nueva del Conjuro? Los creadores del Expediente Warren consideraron que las nubes de Londres serían ocasión para atemorizarnos durante este verano lluvioso a partir del diabólico caso de los Hodgson.

El director malayo James Wan sumó a su filmografía el segundo capítulo del conjuro que lo puso en un lugar especial del cine de terror actual. Consciente del valor adicional que la etiqueta basadaenunahistoriareal le aporta a las películas, reaparece con un proyecto respetuoso de la intensidad que mostró en la primera entrega a través de un argumento lleno de tensión.

¿Quién es? ¿Qué es? ¿Qué quiere?… Los misterios en las historias del horror sobrenatural quedan regularmente desvelados cuando lo vivo se topa con lo muerto que resiste a las barreras de lo posible. O cuando un ente metafísico salió de su extraña localía para figurar como un huésped incómodo. Pero el segundo caso de los Warren se va por las ramas, si bien suelta golpes desde los tiempos más tempranos el espectador no tiene de inmediato los elementos para comprender o echar culpas. El camino que al espectador le tocará recurrir estará plagado de pistas ambiguas y un pantano extenso de tensión.

Incluso se valdrá de la valiosa hiper textualidad, se atreverá a entrar en el nudo de otra película, Terror en Amityville (2005), otro producto con etiqueta basadaenunahistoriareal para insinuarnos que su villano ya trae trayectoria, que trasciende de cualquier reporte aislado y que amerita un no tan salvable desenlace.

Como en la primera evidencia del Expediente Warren, los miedos de mayor arraigo, es decir, los que nos acompañan desde la infancia ingenua, laten debajo de la cama, con la luz apagada, desde lo profundo de una carpa de juegos, en el cancionero de un quinetoscopio viejo, cuando todos duermen, con el trance prisionero de una niña sonámbula, en la debilidad de un triste.

El mal, uno muy poderoso y fuera de toda verosimilitud, ataca en una guerra de varios frentes, es un irreverente blasfemo, propone acertijos, hace leña del árbol caído y encamina sus deseos a la vista de las víctimas a quienes somete y confunde para que sirvan como público cautivo rumbo al acto final.

En la segunda vuelta de El Conjuro, la música ocupa un papel de gratos contrastes. Hay desde luego sonidos de la tradición cinematográfica para las películas de miedo, bien acompañados de coros que te erizan la piel, pero hay también nostalgias de estrofas populares que roba al exclusivo contexto infantil, emanadas ahora con chiflido macabro o contenidas en el rezo maldito de una aparición demoniaca que no deja dormir.

Aunque la cinta aún exhibida en salas comerciales queda a deber en momentos por caracterización, propone una representación tenaz del enemigo inhumano que mueve piezas clave de una mente abierta y desvaída.

Valak montó una pieza oscura de arte, se puso el vestido de la blasfemia y desfiló a coro con la fe burlada. Vea la nueva del Conjuro.

Hacer Comentario