Viva el México reggaetonero, bandolero, escabroso y vulgar. Las fiestas patrias están aquí y llegaron con todo el mexican power moderno, ese que conmemora tragando, perreando y alcoholizándose en el puente sin recordar que aún no somos libres.

La ‘Farola Virgen’ debe admitir su fascinación por el género musical que hizo de las fiestas patrias un verdadero arrimón de miembros en la plaza Juárez.

Sin meternos mucho en el dilema musical, considero que el reggaetón representa el encuentro sexual animal y vulgar en su máxima esencia, lejos de la cursilería y romanticismo sacados  de la literatura.

Viene a mi memoria vaginal una anécdota que me contó un amigo, cuya vecina escuchaba canciones de J Balvin, Maluma, Gente de Zona o los clásicos Daddy Yankee o Wisin y Yandel porque la calentaba.

Y en tiempos en que la sexualidad es un poco más libre (a diferencia del país) todo se vale.

Tal vez el reggaetón sea la forma contemporánea de dar gritos, más placenteros  (menos los orgasmos fingidos) y una nueva forma de librar nuestras batallas internas y cachondas.

Y aunque estos cantantes aúllen y no propongan ni promuevan la consciencia sobre problemas sociales, lo cierto es que reflejan una nueva generación: la que antepone el sexo prematuro, espontáneo, de entra-sale y de una noche.

Mientras tanto los héroes de la Independencia se han de revolcar en su tumba viendo nuestras maneras de honrarlos. Pero bueno, para el mexicano sólo se vive una vez y debe aprovechar el camarón ahora que está vivo y fresco.

Queremos más gritos de placer, de las pocas vivencias que valen la pena en estas horribles épocas en que la libertad está encadenada al paradigma del capitalismo.

¡Vivan y resuenen las campanas de todas las farolas vírgenes! Y no olviden echarse un pozolazo después de un buen polvazo.

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