He sido condenada, pues aquí viene tu fantasma otra vez.

Pero no es algo raro, es que hay luna llena… y tú me llamaste.
Y aquí estoy sentada, cogida al teléfono, escuchando tu voz caer en picado.
La misma voz que conocí hace años luz.

No olvido tus ojos pero tampoco cuando me dijiste que mi poesía era pésima.
¿De dónde me estás llamando? ¿De una cabina telefónica?
Recuerdo que hace diez años te regalé unos botones para tu camisa. Tú me diste algo. Pero desde ese momento supimos que los recuerdos podrían traernos tanto diamantes como herrumbre.

 

No puedo empezar a hablar de Bob Dylan sin referirme esta canción que le escribió Joan Báez, una gran compositora, una mujer que cantaba esperanzada, segura que su voz cambiaría el mundo, sus letras siempre denunciaban injusticas, apostaban por la paz. Pero una vez, delató su alma y permitió explorar su corazón herido. Delató que ella también se enamoraba y de igual manera vivió la imposibilidad del amor. El amor, siempre eterno, el amor imposible, el dolor y la desilusión, la nostalgia amorosa y el reclamo atormentado. Siempre me ha gustado la historia que ellos vivieron en esa década de paz y amor, los años sesenta, donde las pasiones se volvían canciones y a los poemas se les ponía música. La letra de esa canción escrita por Báez, titulada Diamantes y herrumbre es mi mejor referencia de Dylan, la forma en que puedo evocarlo, entre la admiración y el reclamo, tan cerca y lejos, mito y realidad, ahora Premio Nobel de Literatura 2016.

Su voz más su armónica, su guitarra y sus letras hace de Dylan alguien memorable, poeta y cantante, el hombre que te gustaría que te cantara al oído, al que le pudieras inspirar una canción. Siempre me ha gustado traducir sus letras para palpar mejor su alma. Es curioso, pero mis mejores encuentros con él han sido siempre en escenarios impresos. La primera vez, yo era una niña de siete años, con un álbum de cantantes de la época. Y ahí estaba la estampita, Dylan con su armónica, su perfil inconfundible, su cabello alborotado. A ladito de él, en inglés y en español la letra de La respuesta está en el viento. Por supuesto me conquistó. Y en esos tiempos, mi hermano cantaba a todo pulmón que era como una piedra rodante o mis hermanas entonaban Mr. Tambourine Man. Poco a poco empecé a saber más de él, la revista “Notitas musicales” lo citaba porque siempre ponía en aprietos a los periodistas, sus respuestas delataban su ironía y sus desplantes. El escándalo cuando tocó por primera vez con guitarra eléctrica, él que había nacido como cantautor folk. Una vez alguien dijo en un programa de radio: Bob Dylan simplemente musicaliza sus poemas.

Fueron varias décadas después que tuve mi segundo encuentro impreso con él, un libro de 1264 páginas que encontré y pude hojear en la casa de mi amiga Layla Sánchez Kuri. En ese libro se transcriben cada una de sus canciones en inglés y las traducen al español. En el rato que tuve ese libro en mis manos, lo comprendí mejor, palpé su alma, me conquistó para siempre. Apresurada quise copiar a mano la letra de una canción que me conmueve todita:

Con tu boca de mercurio en tiempos misioneros

Y tus ojos de humo y tus plegarias como versos

Y tu cruz de plata y tu voz de campana.

¿Quién de ellos piensa que podría enterrarte?

Con tus bolsillos protegidos al fin.

Y las visiones de tranvías que posas sobre la hierba.

¿Quién de ellos piensa que podría llevarte consigo?

Triste dama de las tierras bajas.

Donde el profeta de ojos tristes dice que nadie vendrá.

¿Debo dejarlos junto a tu puerta o debo acaso esperar, triste dama?

 

El amor posible, se dice que esta letra la inspiró su primera mujer, Sara. Sad-Eyed Lady of the Lowlands (Triste dama de las tierras bajas) es una canción larga, dura once minutos. Siempre te atrapa cuando la oyes, te meces al ritmo de un vals, de un amor gozoso, el ritmo termina y no termina, se extiende hasta los latidos de tu corazón. Fue grabada en 1966. De las composiciones más alabadas, para algunos es la mejor que escribió. La han considerado un himno al eterno femenino. Obviamente, cuando la interpreta Joan Báez, la fuerza de esta canción es total.

Inolvidable ya por esa voz áspera, yo considero a Dylan un filósofo de la música que logra con sus letras electrizar a su público, sensibilizarlo, reconciliarlo con la vida o preguntarse qué han hecho de ella. Bob cuestiona a la sociedad, critica la hipocresía social, protesta contra la injusticia y sigue haciendo un llamado a la paz, aunque la respuesta a todo ello estuviera en el viento. Los aires de inconformidad, la incomprensión de un mundo adulto y dictador, la indiferencia ante la iniquidad, el dolor ante el sufrimiento de otros, hizo de Dylan un verdadero redentor musical, un auténtico cantante de protesta a ritmo del blues y del rock. Mesías sesentero comprometido con sus ideales, un provocador que ironizaba ante los periodistas o se negaba a ser censurado en un programa de televisión. Pero Dylan también se ha dado el lujo de ser sencillo y simple, quizá hasta cursi y pop, pero eternamente poeta.

 

El enterrador culpable suspira.

El solitario organillero llora.

Los plateados saxofones dicen que te rechace.

Las campanas desconchadas y las trompetas gastadas.

Soplan desdeñosas en mi cara.

Pero no va a ser así.

No nací para perderte.

Te quiero, te quiero.

Te quiero tanto.

Cariño, te quiero.

 

Y hace unos meses, en la Feria Universitaria del Libro de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, ahí estaba, un libro sencillamente titulado Bob Dylan. Letras. 1962-2001, mi tercer encuentro impreso con un compositor único, poeta que toca la guitarra, cantante que musicaliza poemas. Imposible elegir una sola de sus canciones, complicado desdeñar alguna. Te describe una historia siempre cercana, dibuja personajes parecidos a gente que conoces, que amas o hasta que no comprendes. Mezcla todos los sentimientos pero a cada uno le da su lugar, desde el amor hasta el odio, del perdón a la ignominia, de las pasiones al desamor. Y como siempre, busco un discurso que se vuelva espejo, que me delata aunque Dylan no me conozca. Por eso, desde que vivo en la Bellairosa, estoy segura que soy una Muchacha del norte, y al ritmo de su guitarra, de su armónica y de esa voz áspera tan peculiar, me descubro yo misma en cada estrofa de esa canción:

Si viajas por la tierra del norte.

Donde los vientos azotan la frontera.

Dale mis recuerdos a una chica que vive ahí.

Ella alguna vez fue mi verdadero amor.

Si llegas cuando arrecia la nevada.

Cuando los ríos se hielan y el verano acaba,

Por favor, fíjate que lleve un abrigo caliente.

Que la proteja del aullido del viento.

Dime si aún se alborota su melena.

Ve por mí, si rueda como una cascada.

Así la guardo en mi memoria.

Me pregunto si todavía me recuerda.

Muchas veces hasta rezo por ello.

En la oscuridad de mi noche.

En el resplandor de mi día.

De modo que si viajas por la tierra del norte.

Donde los vientos azotan la frontera.

Dale recuerdos a una chica que vive ahí.

Porque ella alguna vez fue mi gran amor.

 

Quizá por eso, celebro que se le haya reconocido con ese premio. Su música está en la vida de mucha gente. Yo siempre he tenido que leerlo para sentirlo más cerquita. Aunque su música en cualquier lugar me reconcilia con la vida. Sin embargo, lo reconozco mejor, cuando lo descubro en voz de mi amada Joan Báez, que supo amarlo y aproximarnos a sus emociones, sensibilidad y lado humano.

 

Cuando irrumpiste en la escena, ya eras una leyenda. Un vagabundo que se perdió en mis brazos y allí permaneciste. Temporalmente perdido en altamar. La Madonna era tu libertad. Pero la chica hueca, fue la te mantuvo a salvo.

Ahora te veo con las hojas marchitas cayendo a tu alrededor y con nieve sobre tu pelo. Estás sonriendo desde la ventana de ese horrible hotel. Nuestro aliento forma una nube blanca, mezclándose y flotando en el aire.
Sinceramente, para mí, los dos podríamos haber muerto hace tiempo.

Ahora me dices que yo no soy nostálgica. Entonces ponle nombre a esto que siento hoy, tú que eres tan bueno con las palabras, haciendo que todo parezca banal, ahora necesito algo de esa banalidad. Atisbo todo ahora con mucha más claridad.

Sí, te amé con todo mi corazón.
Y si me estás ofreciendo diamantes y herrumbre, yo ya he pagado mi parte.

 

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