Las  ferias son objeto de admiración en la cultura mexicana. Colores, globos, dulces y comida tradicional nos incitan a correr directamente a ellas para recordar el clamor de nuestro pueblo.

Siempre abarrotadas y con actividades curiosas, llenas de luz y ruido. No recuerdo un sólo niño o adulto que no haya jugado canicas, en concursos a mitad de la calle o con vasos de pulque en las manos mientras caminan por las calles con la sonrisa en la cara.

¡Hermosas tradiciones! En mis tiempos, la feria duraba al menos una semana. En esos días vaya que nos divertíamos. Ni qué decir de la feria de San Francisco, una de las más populares y divertidas del año.

Como todas las cosas, las ferias también cambiaron, ya no duran tanto, en solo un par de días escaparon aquellos espectáculos de fuegos pirotécnicos; las artesanías pasaron a segundo plano y la comida grasosa dominó la mayoría de puestos, antes ocupados por juegos de azar para chicos y grandes.
Al recordarlo, afirmo con tristeza que la Feria de San Francisco dejó de ser una fiesta patronal para convertirse en una promoción gubernamental. A nadie le importan las misas, incluso, muchos no saben ni por qué lleva ese nombre la fiesta, o que en algún momento también era la Feria del Caballo.
Esta es una historia que remonta 30 años atrás, cuando era un jovencito de apenas 20 y el Estado presumía de ser la Cuna de la Charrería.
En esos años la fiesta se llevaba a cabo a las afueras de la iglesia de San Francisco y los puestos llegaban a ocupar casi en su totalidad el espacio disponible del parque Hidalgo. En el lugar que quedara libre había presentaciones ecuestres y carreras.
Años más tarde, aproximadamente unos 10, cambiaron la ubicación de la feria, esta vez en el predio de la actual procuraduría. Ahí, en esa época y en ese lugar, fue que recibió el nombre formal de Feria del Caballo, porque don Pedro Domec, con todos los elementos necesarios para un espectáculo de calidad, montaba las presentaciones ecuestres más fascinantes que he visto en mi vida.
Por desgracia no duró demasiado, al gobierno le parecía que derrochaban dinero con esta exhibición, y la canceló aproximadamente unos ocho años más tarde, para trasladar la Feria de San Francisco a su ubicación y nombre
actual.
Entiendo que todo tiene que cambiar, las transformaciones son necesarias, pero lamento que mis hijos no puedan apreciar esas maravillosas tradiciones de nuestro estado. Hidalgo, Cuna de la Charrería.

 

Memorias del charro no reconocido, nacido en la década de los 60 y de aquellas personas
que extrañan la antigua y tradicional Feria de San Pancho.

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