No recuerdo cuándo fue la primera vez que los probé, pero estoy segura que en su momento me encantaron tanto que estuve al borde de la adicción. En la secundaria, cuando llegaba la hora del recreo, me unía a la intermibable fila en la cooperativa para alcanzar a comprar uno de cinco pesos; llegaban recién hechos y super calientes; a veces había retrasos y tenía que esperar un poco más para comer alguno de mole rojo con pollo, varias veces, incluso, sufrí quemaduras por no tener paciencia hasta que se enfriara un poco.

Al menos por tres años, y cuando mi mamá me daba para gastar, fueron mi deliciosa adicción; ya en prepa y universidad sentí lo que seguro ocurre a algunos residentes de Pachuca o Mineral del Monte: ¡tanto paste harta! Porque, eso sí, este bocadillo se odia y se ama a la vez.

Pasó el tiempo y, como todo en este país, su precio se fue para arriba. De cinco pesos pasaron a siete, luego a ocho, se estancaron un poco, siguieron en nueve y en un abrir y cerrar de ojos escalaron a 11 y 12. No sé si fue la oferta y la demanda o al monopolio de una o dos empresas que se dedicaron a producirlo, estos siempre venden con tarifa alta, todavía más que los negocios tradicionales.

Tal vez exagere, pero parece que los puestos de pastes abundan en Pachuca como en Puebla las iglesias, donde quiera que los instalen siempre tendrán sus clientes. Los asiduos compradores somos (por gusto o necesidad) quienes estamos fuera de casa por largos períodos: oficinistas Godínez, estudiantes de todos los niveles educativos, los que acuden a citas médicas o hacen guardia en algún hospital; los que pasan mucho tiempo en carretera o familias enteras que visitan un parque o andan de paseo por el centro.

El paste es la comida que te saca del apuro ya sea por falta de tiempo o economía castigada (son más baratos que una torta, orden de tacos o baguette); tal vez no te quite el hambre pero te entretiene el estómago hasta que tengas oportunidad de comer algo más. Si eres anfitrión, por ejemplo, no tendrás que preocuparte tanto por lo qué vas a ofrecer a tus visitas, basta con que salgas al puesto más cercano y te hagas de un par de cajas para conquistar paladares.

Si tienes más de un mes en Pachuca o sus alrededores, sabrás que los de papa con carne son de tradición, después están los de mole rojo y mole verde, frijol blanco con chorizo o frijol negro; salchicha y choriqueso; las empanadas de arroz con leche o piña también son muy requeridas.

Y no olvides las innovaciones notables: de arrachera o alambre; de hongos o hawaiano. El reto es saber dónde los preparan mejor.

En fin, no te cuento más, mejor voy por un paste…

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