El 26 de marzo de 1990, el día en que Giuseppe Tornatore recogió el Oscar a la mejor película extranjera, por la conmovedora Cinema Paradiso (1988), los mellizos Lauenstein subieron al escenario del Dorothy Chandler Pavilion de Los Ángeles para tomar la que sería su primera y única estatuilla de la Academia hollywoodense, el mérito, un proyecto escolar: Balance (1989).

 

A 29 AÑOS de la creación de esta joya fílmica perdida entre los estantes interminables de latas de celuloide, o en el universo subvaluado del cine corto, es complicado navegar en Internet para conocer más de la obra de los Lauenstein, quienes si bien son descritos en la biografía que comparten, por ser mellizos, como escritores de guiones y colaboradores activos de proyectos de animación, no tienen otra cinta en su haber; Balance, la exitosa opera prima que rebasó las expectativas de un mero trabajo de fogueo universitario, para quedarse en lo alto del cine connotado, significó la maldición de sus creadores, para quienes ya no hubo más.

El Balance de Wolfgang y Cristoph Lauentsein (Alemania) muestra a cinco hombres idénticos sobre una disminuida plataforma que flota en un espacio frío y gris. Cada que uno se mueve, los demás también deben hacerlo, de otro modo caerán, en la pérdida fatal del equilibrio. El grupo está obligado a cooperar para mantener la armonía que parece ser su cárcel. El juego toma un interesante giro cuando uno de ellos pesca una misteriosa caja del vacío. La curiosidad pronto jugará en contra de la estabilidad y del bien común.

Balance (Alemania, 1989)

Por muy lastre que sea, el agente externo pone a prueba la línea horizontal que trazaron los hermanos Lauenstein como metáfora de la armonía, vista aquí en su faceta menos armoniosa, como sinónimo de monotonía, el lacerante ciclo que exige renunciar a la individualidad. La armonía se permite no ser armoniosa pero no está permitido que las individualidades se permitan ser egolatría.

El cortometraje se mueve en la doble crítica sin fijar postura, a partir de la alegoría lanza argumentos que cuestionan tanto al escenario que promueve el sentido comunitario como al que defiende la determinación de lo privado.

La imagen culminante, la resulta de una pugna intensa entre el caos y el equilibrio, entre la codicia y la solidaridad, se escapa del hilo de secuencias para erigirse como una pieza artística en sí misma, formulada con el ingenio del stop motion, la victoria del balance, la derrota del yo individuo, la maldición de los Lauenstein.

Vea Balance


@lejandroGALINDO | avueltadetuercas@gmail.com

Hacer Comentario