El amor es siempre un artilugio para soportar la fecha de caducidad y lo obsoleto de nuestra existencia, así la exaltación de los rasgos más pueriles visten el deseo de amar y ser amado, de estar acompañados.

 

TODOS nos hemos enamorado de un ser lleno de cualidades que al paso de los días y
con la caída de la venda que acompaña al amor romántico se transfigura en el bodrio que siempre fue.

Este es un poema al refulgente amor de adolescencia que fue el amor de una vida, pero esa vida ya no es la mía y él ya lo es.

 

Estaba enamorada de él, sus cualidades únicas me hacían perder la cabeza, era excéntrico, tenía colecciones infinitas; por ejemplo de cadáveres de pájaros, colillas de cigarros que guardaba bajo su cama, envolturas de caramelos, conos de tráfico, bolsas para vómito de esas que dan en los aviones y view master. Era estúpido, llanamente estúpido; decía cosas sin sentido y se reía a la menor provocación, era estúpido, pero no como Peña Nieto, sino con un dulce candor que lo hacía adorable. Y era asimétrico, me deleitaba ver su ojo izquierdo dos centímetros arriba que el derecho, sus brazos, uno más largo que el otro, sus dientes chuecos, eran un mítin dentro de su boca, que al sonreír buscaban la manera de escapar cada uno por su lado, sus pies calzaban del 28 y del 29, lo que hacía complejo conseguir un par de zapatos adecuados. Extrañamente, unos días se veía más alto que otros.

Era único, por eso era el amor de mi vida.

Sobre El Autor

Tania Martínez Suárez
pros_critos@hotmail.com

soy un atado de ideas zurda y necia comunicóloga proscrita madre indeVida

Artículos Relacionados

Hacer Comentario