Un festival con poca gente siempre es disfrutable, el artista de cerca, el baño no tan asqueroso, las filas en la comida decente y mujeres y hombres guapos… siempre habrá

El Festival Ceremonia 2017 nos presentó a primer ojo un buen proyecto. Eran las tres de la tarde, el Sol caía y justo cuando nos detuvieron en la entrada para el chequeo sonaron los primeros acordes del artista que nos hizo llegar temprano. James Blake abre concierto, corremos de la alegría. ‘Life round here’, de su segundo disco. Para la tercera canción ya interpretaban ese cover de Feist ‘Limit to your love’.  El concierto va con temas de su último disco, regresa al primero y pasa por el segundo, una perfecta sincronía. Y entonces llegó una canción hermosa, “Modern soul’, que nos llevó al remate, mandarnos al Cielo con ‘Retrograde’. James Blake había cumplido. Suspiro. Voy a buscar al siguiente artista.

El sistema cashless está interesante, si sólo los chicos de la recarga hubieran estado mejor capacitados… Buscar una cerveza dejó de ser una aventura para convertirse en método eficiente, nos movimos a ver a la Banda Bastón que como casi todo el rap en español nomás no me prende, lejos estamos de Kate Tempest, Gaika o Danny Brown, pero esa es otra historia. De allí al escenario donde estaría lo menos conocido. Llegamos a ver a Buscabulla, promesa de la música puertorriqueña, un buen baterista, un guitarro decente, un bajista más en el show y una cantante de quien nunca pude entender qué cantaba. Demasiada sabrosura en el escenario, shiaaaa, se la pasaba repitiendo una voz chillona. La hora de la comida había llegado, siempre complicado por los precios, por los gustos, nos decidimos por una pierna de pavo que parecía de algo más grande. Comemos con gusto sentados en el pasto, miramos gente de todas vestimentas.

Lo bueno de los conciertos es que casi siempre te encuentras amigos. Allí nos vimos viejos amigos de la universidad, la banda 10 años después; todavía nos vestimos igual, nos reímos igual. Otra vez Bjork nos convoca. En el escenario toca alguien, no prestamos atención, la emoción de vernos de nuevo y decir salud nos invade.

Nicolas Jaar vuelve a demostrar que es un genio de la laptop, un concierto lleno de texturas, un intro larguísimo que desemboca en un baile cadencioso, lo vuelve a hacer ese joven como en el primer Ceremonia que nos puso a bailar pero esta vez se extrañaron los visuales en vivo de aquella noche que terminó con una ejecución impecable de Animal Collective, la hora se acerca y nos trasladamos a ver a la estelar del festival.

En el escenario, 30 músicos mexicanos de cuerdas convocados por Bjork. Y allí arriba un escalón al centro y atrás está Arca, ese venezolano que tanto entusiasma en sus discos, hoy es música de acompañamiento o quizá el director de la orquesta. Bjork vestida con un vestido blanco y una máscara que hace recordar a las polillas; pienso en el concierto acústico del auditorio y me entusiasma la idea de verla en su versión electrónica o, mejor dicho, contemporánea. Inicia con un tema nuevo, ‘Stonemilker’, la cámara y el celular quieren salir a tomar un registro pero me niego, mejor contesto un mensaje de mi novia y pienso en lo hermoso que sería tomarla de la mano y darle un beso con esa música de fondo. ‘Lionsong’ es lo que sigue, luego ‘Come to me’ y ‘Jóga’. Pasa por ‘Unravel’, otra más que no recuerdo, y llega el momento que más emocionó a este escucha, ‘Isobel’ en las manos de Arca se vuelve otra canción; después entrarán ‘Wanderlust’, ‘Notget’, ‘Mouth mantra’. Y entonces viene el clímax programado por el festival: ‘Hyperballad’ nos anuncia el fin de lo inevitable.

Caminamos a la salida, algunos tienen los ojos llorosos, aún en el otro escenario se ven luces, la gente grita. Nosotros con ese vacío de la terminación de algo pensamos cada quien en silencio; sentimos, analizamos lo que pasó, miro a mis hermanos, qué alegría verlos aquí; vuelvo a pensar en mi novia y sus labios, canto ‘Isobel‘ para mí, me gustaría cantársela al oído. El regreso todavía es largo pero no importa, hoy vimos Bjork que interactuó, que cantó con un registro vocal aún en su mejor estado. Un Arca que reinterpretó lo ya hecho por los antiguos músicos electrónicos.

 

Regresamos a casa con esa sonrisa, a sabiendas que mañana tendremos esa cosa llamada depresión postfestival…

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