A Pau, Jeane y Mad, por creer también en un mundo diferente

 

LAS NUBES navegan casi quietas sin prisa, el verde de otoño sobre los pastizales, azul claro en el cielo, nos dirigimos a La Raya comunidad del municipio de Singuilucan, Hidalgo. Dicen que allá está el inicio de una utopía, de un nuevo mundo, de, cómo en voz de Yiru sonó, es la semilla.

Amigos viejos y nuevos nos reciben entre risas, alegría que nos has traído aquí, ¿qué buscamos? Aventurados venimos al frío al aniversario del Jardín de Mayahuel, ese nuevo inicio. Pequeña construcción de adobe que las hace de cocina, como describir el olor a vida que sale de allí, el pulque nos recibe con felicidad acompañado de la espera de un mixiote. Armamos la casa de campaña, la noche aún no cae, el atardecer nos regala el ¡huun huur tu! La cebada se ilumina, nos convence que la eternidad pertenece a un instante hermoso, breve efímero, inmenso.

Sentados afuera de nuestra carpa platicamos de todo y de nada de Francia y el mundo y Barcelona, de una niñez e infancia en los boys scouts, del frío que nos abrigará por la noche, de nuestras vivencias; reímos una vez más, muchas más, quizá el pulque comience a llenarnos de la alegría del sentimiento original de empatía de pasar los días en comunidad alrededor de la fogata, discutiendo las cosas importantes, la distribución social del trabajo, de volver al punto donde la agricultura vuelva a ser lo importante, donde todos juntos creamos en un nuevo mundo, el tiempo es implacable, nunca retrocede pero si olvidamos que el progreso desde la visión occidental es esa loca carrera hacia la industrialización (Mad Max, Sleep Diler, Aeon Flux, ejemplos de ese mundo que se acerca a un cyberpunk apocalíptico) seremos capaces de ver que el progreso es el respeto por nuestro entorno, aprender a vivir en comunión con nuestros iguales y diferentes, aprender cosas nuevas sin las instituciones de adoctrinamiento sino de la mirada, aprender cómo se pica un chilacayote a partir de que el que lo sabe hacer nos guíe.

Imposible describir la felicidad de abrir tu mixiote y ese vapor que inunda tu alrededor, las tortillas hechas a mano calientan las extremidades frías, la temperatura ha bajado, la noche ahora sí nos abraza con su manto de estrellas, las jaranas comienzan a sonar, todos cantamos al maguey, quien quiere ganarse su trago que le cante pues. ¡Te vaya bien o mal el Chuchumbé te va a gustar! Entramos en frenesí, la bebida que nos alimenta nos hace perder lo entumido y el cerebro se siente menos estreñido, bailamos, cantamos, gritamos, nos acercamos al fuego, uno a uno los instrumentos se van juntando, tambores, guitarra, bajo, las estrellas nos abrazan, nos helan, nos hacen soñar y pensar que no somos los únicos en este inmenso Universo, que allá en la estrella que se mueve alguien piensa igual que nosotros, que ellos le cantan también a su Luna, a su maguey.

El frío nos rodea, nos abruma, pareciera estar contenido sobre nosotros, como si adentro de un hielo estuviéramos, afuera, las risas de quien no duerme y alimenta el fuego llaman, necesito salir de esa iglú, la noche estrellada sorprende, ¿cuántos puntos iluminados hay en el Universo? Esperamos con ansia el amanecer, la piel nos corta de temperatura baja, miramos el cielo, uno a uno nos vamos integrando alrededor del fuego, nos reímos de nuestros temblores, los ronquidos, extrañamos el pulque que solos nos ha dejado, el fuego nace y renace, nos permite sobrevivir la madrugada, nuestros rostros se iluminan a ratos, la madera cruje, el Sol aun no aparece, atrás de nosotros el claro comienza su aparecer, nuestro último aliento se renueva, los vapores y colores del día aparecen.

Con el Sol en alto las actividades inician en el Jardín de Mayahuel, uno a uno nos integramos a un saber/aprender, taller de pan de pulque, taller de tejido en ixtle, taller de destilado de pulque, y, al fondo, dos lonas anuncian dos tipos de mercados, uno donde la comunidad se integra como vendedores/preparadores de comida y otro con varios tipos de artesanías del siglo XXI, hombres y mujeres vendiendo playeras bordadas por su sus manos, aretes, libretas, tabaco natural, seres que también creen en esta nueva forma de iniciar, nómadas del ahora, otra vez el pulque pasa de mano en mano sin distinción de los asistentes.

Junto a la cocina en el fogón y horno rústico tres personas pican lo que durante esta siembra nos ha dado la tierra, papa, chilacayote, habas, acelgas, jitomate, maíz, el que enseña a los otros dos que discretamente al final de la mesa ha puesto su altar “krishna” explica el uso de diversas especias de todo tipo, grano, resinas, a la vez que da una clase acerca de la función de ciertos vegetales como medicinas. El horno opone resistencia, falta calor dice alguien a lo lejos, la masa se compone de solo agua, algunos granos/fibras, aceite vegetal, levadura, magia (esos ingredientes por la tarde se convertirían en el pan rústico de mejor sabor que este que escribe haya probado junto con P, ambos se rendirían a un sabor hermoso acompañado de un caldo de sabor sin precedentes en el paladar).

De los que venimos aquí nos hemos dispersado, J ha dormido en la pradera como quien tiene la conciencia tranquila, P ha descansado junto con Conga el temazcal de la noche anterior al que se sometieron J, P y M, M tiene el fuego ya marcado en la cara, la tarde comienza a avanzar, el Sol ya pasa su punto más alto, de nuevo pensamos/construimos un mundo distinto en comunidad, bendito pulque que resbalas por nuestros adentros, dijera un amigo: ¡otra vez esta bendita felicidad! Sentados probando la comida que se ha preparado con lo que dio la tierra, la vida parece tener sentido alejado de todo, de qué sirve la sociología si no es en praxis, otras organizaciones son viables en este mundo capitalista, en este mundo de consumo pero… y si dejamos de quejarnos y comenzamos a construir, si aprendemos cómo se hace el adobe y qué plantas se siembran en cada temporada, si nos grabamos cómo hacer pan.

El jardín de Mayahuel se ha llenado de gente, el frío ha regresado, la tarde del domingo avanza, el pulque sigue bueno, individuos de todo tipo caminamos, de todos los lugares, la historia de la humanidad se resume en una tarde, en una comunidad donde un de trío de huapango le canta a los presentes, donde ya casi al terminar en esta necesidad de no irnos, de quizá ya quedarnos a construir un nueva forma de vida. Un saxofón suena-reclama-anuncia-desordena, un freejazz sale del instrumento dorado que es iluminado por los rayos rojos, un sol que inicia su adiós, su jornada ha terminado con nosotros, desarmamos la casa ocho manos, en silencio cada quien pensará qué ha pasado acá, que aprendió qué se lleva de vuelta, obligada parada para despedirnos de quien nos han invitado y atendido y dejado esta felicidad. Ahora dos jaranas, una guitarra, un tambor y el saxofón cantan a los que se van, versos tradicionales con nuevas trovas toman el aire, el frío viento sopla, partimos, volvemos, el Sol cae de nuestro lado izquierdo, de nuevo el ¡huun huur tu! aparece, esta vez P maneja, J y M duermen en la parte trasera, la última foto del Sol y acelera.

Agradecimientos: a Rita, Chuy y sus respectivas familias por todo, Dina por lo aprendido en la cocina, Yiru por la nueva palabra, Felipe y con tenis por mantener el fuego prendido y ¡a todos todo! Como dijo el encapuchado hace muchos años.


 

¿QUÉ OÍR?

  • Benjamin Clementine – I tell a fly

Disco de reciente publicación que confirma a su autor como una de las nuevas realidades de la música británica, ganador ya de un prestigioso Mercury Prize con su álbum debut, regresa con una base de música que raya en lo experimental, obligada escucha.

¿QUÉ LEER?

Haruki MurakamiDespués del temblor

 

Cuentos con los que el autor japonés nos lleva a varias situaciones que desencadenarán en un temblor, hecho sucedido en Japón en los años 90, suceso que Murakami toma como pretexto para llevarnos a fantasías sin precedentes.

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