Por ignorancia, a unos cinco metros de la boca de la mina, piso la tierra y no advierto su blandura; se me hunden los pies. Es una chapopotera. Es la tierra de promisión.

 

ELVIRA VARGAS

 

A 80 años de la Expropiación Petrolera es necesario recuperar estas palabras de Elvira Vargas, una de las primeras mujeres reporteras mexicanas. Ella escribió este premonitorio epílogo de lo que actualmente sigue significando el petróleo para México. Ella, que fue determinante para la Expropiación Petrolera de 1938.

Elvira Vargas, desde muy joven, al mismo tiempo que estudiaba la carrera de derecho, entró a trabajar por necesidad económica al periódico El Nacional. Su primera tarea fue hacer cabezas, más tarde se encargó en formar la primera plana, después redactaba algunos textos, hasta que por iniciativa propia empezó a reportear.

Sus colegas y contemporáneos la describen como una mujer de carácter fuerte, una muchacha atrevida, dispuesta a lograr lo que se propusiera, era muy aventada, planteaba las cosas claramente, era magnífica oradora y muy audaz. Esa manera de ser, así como su capacidad para escribir influyeron para que la nombraran reportera.

Ella misma comentó que el inicio fue difícil, muchas veces salió a la calle sin conseguir noticia alguna, pero su primer gran acierto fue aprovechar la visita del general Lázaro Cárdenas a su colonia y entrevistarlo. Esa capacidad de tomar decisiones, saber cómo actuar en el momento preciso resultaron determinantes para que se le asignara a cubrir la campaña presidencial de Cárdenas, candidato del partido oficial.

Sus notas informativas y crónicas fueron determinantes para que se convirtiera en reportera de la fuente presidencial en cuanto Lázaro Cárdenas fue nombrado presidente de México. Lo acompañó a todas sus giras, pero nunca se conformó con reseñar lo que hacía el presidente, siempre iba más allá, entrevistaba a la gente del pueblo y describía la situación de los estados que visitaba. Esa iniciativa la convirtió en la primera periodista que hizo referencia a la precaria situación de los trabajadores del petróleo.

 

Si no fuera por la presencia continua de la idea que nos recuerda que estamos en México, podríamos imaginar que vamos bordeando en nuestro recorrido la plena región pantanosa del Amazonas y no la zona de las casas de los trabajadores que prestan sus servicios a la empresa petrolera más rica en México: El Águila, que hace, como por un castigo inexplicable que sus obreros vivan así. Sin embargo, en Poza Rica los condena y los explota una empresa imperialista. ¿Sería mucho para la empresa decidirse a cumplir con las leyes de México, y más aún con las leyes humanas, levantando sitios decentes para la vida de sus asalariados? Nadie ignora las fantásticas ganancias que obtiene esa compañía de nuestro suelo y subsuelo, todos saben los millones que han salido de aquí al extranjero, mientras el mexicano, dueño de la tierra, vive miserablemente.

 

En ciertas escenas de sus reportajes, Elvira Vargas no perdió de vista a las mujeres. Su sensibilidad hacia la condición quedó al descubierto en cada texto que abordó la vida de las comunidades en los pozos petroleros.

 

En Cacalilao Cuatro, otro campo, otro infierno. Un grupo de más de 200 mujeres se acercó a mí:

‘Nuestros hijos ya no son admitidos en la escuela de la compañía porque corrieron a nuestros maridos del trabajo por haberse sindicalizado. Cuando los muchachitos se acercan a la reja del campo, los guardias los detienen con la punta de las bayonetas’

Desarrapadas, sucias, con el hambre dibujada en los rostros amarillentos y flacos, las mujeres de Cacalilao Cuatro, lloraron. En nuestra conciencia el sentido de la justicia se iba convirtiendo en el sentimiento de odio, un odio profundo.

Hacia unos meses que no tenían medios de sustento porque sus maridos quisieron formar agrupaciones para defenderse. Y junto a esta miseria, en el campo, el mismo panorama: jardines y casas en la colina, abundancia, limpieza, agua; abajo, miseria y mugre.

 

En una serie de reportajes, que después fueron publicados conjuntamente en un folleto titulado Lo que vi en la tierra del petróleo, describió detalladamente la explotación de los trabajadores mexicanos con quienes platicó y dio a conocer de su propia voz el trato injusto que recibían de parte de las empresas petroleras norteamericanos. De igual manera entrevistó a los dueños, con los que discutió y hasta tuvo problemas que ella misma dio a conocer en sus textos. Al reproducir uno de los diálogos sostenidos con uno de los empresarios, el carácter y compromiso periodístico de Elvira Vargas quedan al descubierto:

 

– Señorita Vargas, me dijo, sacando aquella copia que yo ya conocía, usted ha dicho todas estas mentiras en El Nacional de hoy.

– No me diga… respondí como sorprendida. A ver, enséñeme.

– Sí, siéntese usted, vamos viendo punto por punto, porque usted tiene que rectificar.

Eran ocho o 10 puntos, todos del mismo tenor: que no es cierto que los obreros vivan en chozas, que no es cierto que hay fangos y basura; que no es cierto esto y lo otro y todo; y que en honor de la verdad la reportera escriba desmintiendo su artículo en todas sus partes.

– Bueno, le dije, ¿qué es lo que en concreto quiere usted?

– Pues que rectifique en el acto. Allí está el teléfono, puede usarlo.

– No para eso, señor Long. Ni una sola palabra rectifico. ¿Cree usted que yo estoy jugando?

– Es que, interrumpió, si usted escribiera de otro modo, la empresa se daría por bien servida…

– Pues, dije levantándome, diga a su compañía que puede darse por mal servidaBuenas noches

 

A los pocos meses de publicar estos reportajes, el presidente Cárdenas declaró el 18 de marzo de 1938 la Expropiación Petrolera. La reportera recibió jubilosa la noticia. A los pocos días, en el periódico donde ella trabajaba, El Nacional, se da a conocer una carta donde los trabajadores del petróleo le agradecen la denuncia que hizo en sus reportajes y que les haya dado voz para que su situación fuera descubierta y conocida por todo el país.

Reportera, en el amplio sentido de la palabra, Elvira Vargas jamás desaprovechó noticia alguna, a veces por suerte conseguía una exclusiva, pero sin duda su capacidad para tomar decisiones y reaccionar a tiempo la hicieron toda una profesional del periodismo. Ella misma platicó en una ocasión la forma en que reporteó la muerte de Plutarco Elías Calles:

 

Yo iba en un automóvil y el chofer me dijo que acababa de dejar a unos señores en el hospital porque Calles estaba muriendo, le pedí que me llevara inmediatamente. Cuando llegué, claro, no me dejaron entrar, conseguí con un político colarme como su secretaria, los pasillos estaban repletos de gente importante. Me fui separando para seguir a un amigo que me prometió indicarme dónde era el cuarto del caudillo, cuando lo supe me metí, así como así… allí estaba él… traía un pijama rosa… su cara pálida, demacrada, desmentía la fuerza indomable del hombre fuerte de México… lo rodeaban gladiolas… sobre su pecho una mancha de agua sangre enchinaba el cuero… de pronto se abrió la puerta y entró la familia. Calles había muerto.

 

Durante más de 20 años fue reportera, entrevistó a los más importantes políticos de México, hizo crónicas sobre la vida cotidiana del país y cuando las mujeres mexicanas luchaban por tener derecho a votar, Elvira Vargas hizo eco de la demanda y hasta al mismo presidente Cárdenas le preguntó sobre el tema. A principios de los años 50 publicó la columna Multicosas. En 1953 colaboró en Novedades, crítica como siempre, muchas veces fue amenazada, pero con toda tranquilidad respondía a sus agresores: Escriba lo que me dijo, fírmelo, me lo envía y yo lo publico con mucho gusto. Murió en 1967, nunca se casó, no tuvo hijos, su vida fue absolutamente dedicada al periodismo.

Hoy, a 80 años de la Expropiación Petrolera, debemos darle voz a Elvira Vargas, quien dio voz a los trabajadores del petróleo. Sin duda, su trabajo periodístico fue determinante para la decisión de Lázaro Cárdenas. Sí, Elvira Vargas es la reportera de la Expropiación Petrolera.

 

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