Heme aquí.

El universo abrió un boquete del cual salí,

nací,

¡Qué raro todo!

De pronto un golpe en el trasero:

Lloré

Era tragar aire a bocanadas,

horcadas en las costillas

Vi a mi mamá

¡Hermosa! pensé.

Conocer todo, porqué lo ignoro todo,

el viento en mi cara,

¿Qué es eso? ¿Manos? ¿Son mías?

¡También tengo pies!

Y el es mi padre, que mirada tan vieja tiene.

¿Esto se come? Delicioso!

¡Guacala, esto no!

Hablar, apenas aprendí a hacerlo me hice de palabras con la vida,

siempre fui inconforme, desde niña,

que si esto no me gusta, que si opino esto otro, que no me gustan lo vestidos.

Contaba cien refranes distintos que a bien no se de donde salieron, pero dice mi papá que tenían lógica.

Fui una niña inmensamente alegre.

Estuve siempre rodeada de cariño, de ternura,

hacía collares de flores junto con mi abuela.

Siempre he amado sus manos arrugadas que podía pellizcar sin que lo notara,

¡El mundo era perfecto!

Hasta que ella murió.

Algo se me rompió dentro, algo me estalló por dentro,

guarde férreo silencio porque pensaba que eso nadie podía quitármelo,

podía enmudecer durante horas, enojada y pensando que el mutis era solo mío,

que ni la muerte ni la vida podían venir a arrebatarme nada.

Cuesta trabajo comprender que así es la vida.

Que habremos de ver partir a quien amamos,

que el viaje que emprendemos al nacer es unipersonal,

maravilloso tener compañeros en el trayecto: amores, buenos amigos, hermanos, maestros,

que hacen el trajín llevadero en los malos momentos y están cerca para disfrutar los buenos tiempos.

Entendí que el dolor también debe disfrutarse,

por la única razón de que representa un momento único, irrepetible,

hermosamente horrible despedir a nuestros muertos,

abrirse, desprenderse del egoísmo y despedir con cariño a los que se marchan primero.

aprender que la vida debe ser una fiesta,

todos los días.

Es una gran proeza mantenerse vivo,

hay que degustar todo, probar todo, conocer y conocer aunque nunca terminemos,

hay que entablar relaciones cercanas con otras personas,

para comprender el mundo, para amar el mundo,

hay que defender lo que opinamos, porque nadie alrededor lo hará,

hay que saber decir lo que piensas, hacerte entender,

hay que hacer lo que a uno lo hace feliz, lo que engrandece el alma,

hay que viajar, que irse y volver,

hay de perdonar a los demás, pero sobre todo a nosotros mismos,

hay que llorar y reír por igual,

hay que cansarse, parar para contemplar y retomar destino,

hay que decir, para que no se nos pudran dentro las palabras,

hay que alejarse de ciertas personas, es sano,

hay que correr riesgos, hay que morir en el intento,

hay que hacer nuevos amigos y conservar a los viejos,

hay que romper una que otra regla,

hay que desenmascarar al miedo,

hay que aceptar cuando se esta encabronado, frustrado o triste para ponerle remedio,

¡Hay que amar como locos! Vale la pena aunque dure poco tiempo,

Hay que nacer todos los días, hacer cosas nuevas, intentar;

Finalmente hay que morir, volver al Universo.

Sobre El Autor

Tania Martínez Suárez
pros_critos@hotmail.com

soy un atado de ideas zurda y necia comunicóloga proscrita madre indeVida

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