Esa noche entre tus brazos caí en la trampa. Cazaste al aprendiz de seductor.

Gavilán o paloma. José José

Los mitos griegos son historias que, a pesar de hablar sobre dioses, se sienten cercanas y en cierto modo reales (quitando las partes mágicas, obviamente). Se sienten como si pudieran hablar de algo que le pasa a Lupita, la vecina, o a uno mismo. 

Estas historias, como otras tantas (por ejemplo los cuentos de hadas), han sobrevivido hasta nuestros días porque nos hablan en varios niveles. El primer nivel, sería el lógico o literal, la historia en sí y lo que sucede en ella. El segundo, es un nivel psicológico, no siempre consciente pero que percibimos y hacemos nuestro ayudándonos a procesar conflictos internos.

Uno de mis mitos favoritos es el de Eros y Psique, porque habla sobre dos de mis grandes pasiones: la psicología y el amor. De psique procede el nombre de “Psicología” y el uso de la letra griega Psi para representarla y significa “alma”. Los griegos creían que cuando una persona moría y exhalaba su último aliento, el alma abandonaba el cuerpo volando en forma de mariposa. Aquí está su historia, que como buen mito, trata de muchos temas.

Cuenta el mito que hace mucho tiempo existió un rey y una reina que tenían tres hijas. La menor, Psique, era tan hermosa que era vista como una reencarnación de la diosa Afrodita.  La diosa, celosa de la belleza de Psique, ordenó a su hijo Eros, dios de la atracción sexual y la fertilidad (después cupido para los romanos) que la flechara para hacer que se enamorara del hombre más horrendo y vil que pudiera existir.

Por su parte, Psique sufría de éxito ya que no obtenía ninguna felicidad de su belleza. Los hombres la idolatraban pero ninguno tenía el valor de invitarla a ver Netflix ni pedir su mano. Los preocupados padres consultaron al Oráculo para preguntar si ya le iban comprando los gatos. El Oráculo predijo que Psique se casaría en la cumbre de la montaña con un monstruo de otro mundo. Psique aceptó amargamente su destino y, obedeciendo al Oráculo, fue llevada por sus padres hasta la cima de la montaña, donde la abandonaron en llanto para enfrentar su destino.

Ahí la encontró el Céfiro, quien la elevó por sobre las montañas hasta depositarla en un valle colmado de flores. Al despertar, Psique se internó en el bosque cercano siguiendo el sonido del agua. Lo que encontró fue un hermoso palacio, de indescriptible lujo y belleza, y unas voces sin cuerpo susurrando que el palacio le pertenecía y que todos estaban allí para servirla. Esa noche, mientras yacía en la oscuridad de su nueva alcoba fifí, un desconocido la visitó para hacerla su esposa (guiño guiño). Su voz era suave y amable, pero él no se dejaba ver a la luz del día, lo cual despertaba la curiosidad de Psique que deseaba conocer su rostro. 

Con el paso del tiempo Psique comenzó a sentirse mal, y sufría por sentirse sola. Extrañaba a sus hermanas, a quienes no veía desde hace tiempo. Imploró entonces a su esposo que le permitiera recibir la visita de sus hermanas, pero éste le advirtió que ellas tratarían de incitar su curiosidad y la alentarían a intentar develar la identidad de su marido. Él le advertía una y otra vez que no se dejara persuadir por sus hipócritas hermanas, ya que el día en que ella viera su cara no lo volvería a ver y sería el día en que acabaría su felicidad.

Finalmente, Eros cedió ante súplicas de Psique y pidió al viento Céfiro que acercara a las hermanas al palacio. Éstas, viendo tanto lujo y belleza, murieron de celos y envidia ante la buena fortuna que había tocado a su hermana. Secretamente, cada una de ellas comenzó a desmerecer lo que a ellas mismas les había tocado en suerte, sus ancianos maridos, sus mezquinas riquezas. Se fueron del palacio planeando cómo castigar a su hermana y en su retorno, la convencieron de que su marido era una enorme y monstruosa serpiente que esperaba al acecho para devorarla. Le sugirieron un detallado plan de acción, que se basaba en esperar que el sueño venciera a su marido para luego acercarse a él con una lámpara y un puñal y cortar su cabeza de serpiente.

Esa misma noche, Psique esperó a que su marido se durmiera junto a ella y encendió su lámpara para observarlo. A quien vio fue al más hermoso de los dioses, el mismísimo Henry Cavill Eros. El cuchillo cayó de sus manos y mientras observaba a su marido, una gota de aceite proveniente de la lámpara cayó en el hombro de Eros. Éste despertó y librándose del abrazo y los lamentos de Psique, expresó su decepción por la traición de Psique a su amor. Le contó que él mismo desobedeció las órdenes de su propia madre al enamorarse de ella, pero que ya todo estaba arruinado. Y así desplegó sus alas y se fue.

Psique desesperada comenzó a buscar la forma de ver nuevamente a Eros y terminó llegando al templo de Afrodita. Ésta, llena de ira y deseos de venganza, rasga las vestiduras de Psique y le encomienda tareas imposibles como ver la Rosa de Guadalupe sin reír. Psique recibe ayuda de distintos dioses y fuerzas de la naturaleza que hacen posible que complete las tareas. Afrodita entonces inventa un nuevo castigo para Psique: internarse en el inframundo en busca de Perséfone, reina de los infiernos, para rogarle que le diera un poco de su belleza dentro de un cofre. Psique cumple con la tarea y comienza su viaje de vuelta hacia la luz. En el camino, cae presa nuevamente de la curiosidad. Atraída por el deseo de agradarle más a su amado, adornándose de belleza divina, abre el cofre e inmediatamente cae en un profundo sueño.

Mientras tanto Eros, recién recuperado de su herida, sale en búsqueda de su amada esposa para despertarla de su sueño. Luego se dirige a visitar a Zeus para rogarle que tuviera compasión de Psique y la hiciera inmortal para que pudiera vivir con él en los cielos. Zeus se compadeció de Eros y apaciguó a Afrodita diciéndole que éste sería un casamiento digno de su hijo. Así es que ordenó el casamiento de Eros y Psique, que duraría para siempre.La hija nacida de ambos llevaría el nombre “Hedoné”, que significa Placer.

Entonces, muchas cosas interesantes sobre el mito, primero, tiene algunas similitudes con conocidos cuentos de hadas como La bella durmiente y Blancanieves. Pero, la metáfora del amor ciego es el mensaje más predominante del mito. 

¿Realmente el amor es ciego? El amor puede nacer sin la atracción física pero como amor romántico siempre nace de alguna atracción, que, afortunadamente para los feos, puede ser algo más allá del físico. Es un buen mensaje, igual el hecho de pensar que el placer nace de la relación que hay entre la atracción sexual y algo íntimo e inmaterial como es el alma.

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