Los estudios de género y comunicación tienen una historia de necedades, mucho trabajo serio, constancia infinita, algunos agandalles y mucho talento. De pioneras jóvenes que nunca han cesado de escribir sobre mujeres, feminismo y género, hasta nuevas generaciones que descubren esta perspectiva para explorarla, aplicarla y estudiarla.

En nuestro país los primeros trabajos que surgieron para empezar a trazar esta línea de investigación fueron publicados en la primera revista feminista de México, FEM, donde el análisis de la publicidad, las telenovelas, las letras de las canciones, las imágenes en el cine y las primeras periodistas. Por cierto, sobre este último tema, es importante citar el trabajo de Fortino Ibarra de Anda, quien en 1936 escribió un tomo completo sobre la participación femenina en la prensa nacional. La revista de Filosofía y Letras de la UNAM, en 1956 dio a conocer el artículo de María del Carmen Ruiz Castañeda sobre los antecedentes de la prensa y las mujeres en México.

En la década de los ochenta aparecen las primeras tesis que hacen referencia a los estereotipos en las revistas femeninas, la presencia de las mujeres en el cine o las primeras publicaciones periodísticas fundadas por mujeres en el siglo XIX.

Destellos, iniciativas personales, intuiciones certeras, inspiraciones teóricas, discursos prácticos. Una verdadera aventura publicar sobre el tema pues no había nada formal en la academia ni genuino interés en las publicaciones especializadas por hacer referencia a este objeto de estudio. Resultaba una verdadera aventura convertir a estos sujetos en siluetas femeninas, a tener una postura feminista, a construir objetos de estudio con el libro de Simone de Beauvoir alumbrando esa necedad de estudiar a las mujeres.

En los noventa, revista FEM cuenta con las colaboraciones de Mercedes Charles que dan luz al tema o en el suplemento DobleJornada se publican aproximaciones y testimonios al respecto. El Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (PIEM) en 1991 abre su especialidad en estudios de la mujer y en su primera generación, tres alumnas con perfil de periodistas y estudiosas de la comunicación dan lata en explorar y averiguar lo que pasa en ese campo académico desde las perspectivas teóricas que aprenden durante un año y medio.

Algunos posgrados encuentran entre sus estudiantes una o dos alumnas que desean trabajar el tema.

En 1998 la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación (AMIC) realiza por primera vez una mesa de género y comunicación donde participan Carola García Calderón, Hortensia Moreno, Elvira Hernández Carballido, Cecilia Rodríguez, Delia Selene de Dios y Josefina Hernández Téllez.

Destellos, necedades, ensayos, tesis y artículos, el siglo XX se cierra con este panorama de inicios e inspiraciones, de indiferencias constantes pero de trabajo serio y continuo de quienes tienen el interés y el compromiso de trabajar el tema de mujeres, feminismo y género en el ámbito de la comunicación.

En el siglo XX integra cómplices y solidaridades, algunos destellos de sororidad pero más trabajos que buscan donde difundirse, publicarse, provocar, afinar miradas y análisis. AMIC crea su grupo de investigación en género y comunicación, encabezado por Josefina Hernández Téllez y Aimé Vega. La misma doctora Vega hace posible que por primera vez la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales dedique un número especial al género y la comunicación en 2004, sin duda el primer antecedente de una publicación especializada que muestra interés y respeto al tema. La agencia de noticias CIMAC (Comunicación e Información de la Mujer) empieza a editar sus primeras publicaciones, entre ellas una donde propone la creación de un diplomado de género y comunicación.

Estudiosas de diferentes enfoques de comunicación empiezan a abrir sus espacios para escribir desde el enfoque de género. Así por ejemplo, la doctora Lourdes Romero en sus libros de estudios de periodismo incluye análisis desde la perspectiva de género, así en sus textos Espejismos de papel y Espejismos mediáticos, cada uno incluye dos artículos con perspectiva de género.

Los logros y las necedades poco a poco suman otras instituciones, universidades y en otros estados… la historia se sigue escribiendo.

Por eso, hoy es muy importante que revistas de gran prestigio en los estudios de comunicación decidan, permitan, deseen, quizá no les quede otra, pero hagan posible que se dedique un número completo al tema de género, mujeres y/o feminismo. Por eso, hoy quiero presumir que la Revista Iberoamericana de la Comunicación dedique su número de otoño-invierno de 2015 a “la temática de género, vista, reflexionada y explicada, fundamentalmente desde el campo de estudios de la comunicación, específicamente, desde los postulados más generales de la teoría de feminista”.

Este número lo celebro gozosa, agradecida y optimista. Primero porque una de las pioneras más representativas de este campo académico presenta un artículo, mi querida amiga la doctora Josefina Hernández Téllez, y luego porque encuentro a cómplices jóvenes muy especiales como Cynthia Pech así como el texto de una investigadora de la misma universidad Iberoamericana y dos autoras extranjeras, una de la Universidad politécnica de Valencia y la otra de la Universidad de Murcia.

Este número 29 de la Revista Iberoamericana de la comunicación la coordinación editorial reconoce en la presentación del ejemplar que a “pesar de la lucha feminista por la reivindicación de los derechos de la mujer… y sin dejar de reconocer el cúmulo de avances en la materia a nivel nacional e internacional, resulta insostenible que la batalla por la equidad, los derechos y la dignidad de las féminas siga siendo una cuestión pendiente en gran parte del orbe”.

Pero en lugar de enojarnos, reclamar o arrancarnos las vestiduras quienes trabajamos el tema, insisto, seguimos de necias y continúa la producción, análisis, denuncia y publicación. Es así  como en este ejemplar de la Revista Iberoamericana de la Comunicación, se explora, se identifica y se cuestiona lo que el contexto actual ofrece en torno a la presencia o ausencia, indiferencia o señalamientos, conservadurismo o transformaciones, machismo y sexismo, feminismo y perspectiva de género que podemos encontrar en estos tiempos en los escenarios sociales.

El primer texto que la revista da a conocer es el de Ana María Herrero, titulado Anomalías visuales en las representaciones de la mujer, la autora además de ser profesora e investigadora es videoartista, ha realizado varias exposiciones, entre ellas Acciones híbridas desde el género, Porque yo lo valgo y Desnaturalizando prácticas sexistas. Su texto desde el inicio nos hace una maravillosa advertencia, el análisis que realiza sobre imágenes comerciales, publicistas y televisivas señala el sexismo, analfabetismo visual, cosificación y canibalismo sexual que los conforman. Ana María Herrero afirma que hay un discurso machista, misógino y sexista en estas expresiones que circulan todos los días por los medios de comunicación. Su apuesta al hacer este tipo de análisis es contribuir a una mejor comprensión de la influencia feminista y los estudios de género sobre la representación de las mujeres en la cultura visual. Claro, su recorrido es para desalentarnos, indignarnos pero también para provocarnos y estar más alertas con la crítica certera y fundamentada, la única manera de transformar.

Por su parte, Virginia Villaplana, profesora, investigadora, escritora y artista da a conocer el ensayo titulado Estudios visuales, comunicación y narrativas de género: visualidad colaborativa, prácticas feministas queer postcoloniales y experiencias de activismo digital. El largo título, lleno de categorías teóricas así como de una profunda formalidad, ya adelanta el contenido complejo pero a la vez teórico y bien sustentado de la propuesta de la autora. Segura de que lo “personal es político”. Villaplana advierte que los movimientos feministas y queer han creado sus propias formas de expresión narrativa para el registro y la observación de la realidad: el documental contestatario feminista queer, el video ensayo y la autobiografía. Un aspecto que ella destaca continuamente es que la imagen y la autocrítica tienen lugar al mismo tiempo, así como el total aprovechamiento de tejer toda la narración con tres preguntas constantes: cómo se está haciendo el documental feminista queer, por qué y con qué objeto.

En otro artículo, Ma. Teresa McKelligan hace referencia a Cuerpos masacrados: mensajes en los paisajes de la ciudad. Y viene a nuestra mente la forma en que la violencia parece ya acompañarnos a todos lados, por eso está ya latente en la ciudad, con todo y su densidad y morfología es ahora sembrada de cuerpos sin vida. Cuerpos sin vida que han sido abandonados en alguna calle. Cuerpos sin vida colgados meciendo su muerte al ritmo del viento. Muertes crueles que confirmar que la violencia “es una expresión del control absoluto de la voluntad de los otros”, los otros que son los vivos, a quienes con esas escenas se dirige el ejercicio de poder. “Lo único que existe es el poder de la muerte”. Una muerte cruel, exhibida, contemplada con terror pero que desgraciadamente solo provoca silencio, silencio que parece asegurar la conservación de la vida pero la lejanía, la actitud apolítica, la amenaza latente, la catástrofe cotidiana. Ante este contexto descrito, ante esta ordenación discursiva que naturaliza la violencia si le agregamos la perspectiva de género seguramente aportará referencias y actitudes que pueden seguir marcando la diferencia y hasta la desigualdad, incluso hasta para morir, entre hombres y mujeres.

He querido dejar hasta el final dos textos que por la cercanía personal y la sororidad total me hacen leerlos con la misma atención que los otros, pero con un rostro conocido y una mirada más cómplice. Mi querida Cynthia Pech analiza la forma en que el melodrama y la telenovela representan y naturalizan la violencia contra las mujeres. Su perspectiva de género es clara y permite advertir la diferencia y las aportaciones que se pueden lograr cuando un análisis de los contenidos en los medios tiene como eje la categoría género

Josefina Hernández Téllez  hace referencia a un nuevo sexismo en la sociedad ya que la emancipación femenina ha sido utilizada para fortalecer intereses de mercado. Ella plantea una tesis directa y tajante: El discurso publicitario de esta época promueve una cultura hipersexualizada que abona en el pensamiento sexista, misógino y patriarcal. Es así como en sus reflexiones finales expone:

“La publicidad y sus contenidos son referente y termómetro exacto del avance en cuanto a la equidad entre géneros: revelan las resistencias a dejar los lugares comunes sobre el ser y hacer de las mujeres y actualizan de forma velada, atractiva y matizada la postura misógina, machista y sexista. El reto es visibilizar esta contradicción y contrapeso al avance real de las mujeres y los hombres como pares en esta sociedad”.

Es así como este número 29, otoño-invierno 2015, de la Revista Iberoamericana de Comunicación dedicó sus páginas a la perspectiva de género en estudios de comunicación. Cada uno de los trabajos presentados son ejemplo de la importancia de tener este espacio, pero siempre vale la pena advertir que estos espacios se han ganado precisamente con este tipo de investigaciones, que género y comunicación son ahora escenarios reconocidos, resultados sensibles y apuesta a una sociedad mejor. Ganarse estos espacios, merecerse estos espacios, aprovechar estos espacios es cuestión de tenacidad pero también de trabajos bien sustentado, profundos y con la firme convicción que la perspectiva de género aporta una mirada diferente al estudiar los medios de comunicación.

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