Un día, un mal día, un día cualquiera, ella salió de casa

 

NO LO ESPERABA, nunca se dio cuenta que hacía semanas la seguían. Así de la nada desapareció ante la vista atónita de los transeúntes. La perplejidad del momento cuando la sombra de la humanidad la tomó entre sus brazos y nadie la vio más. Al minuto siguiente, todo volvió a la normalidad.

 

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Un día desaparecen, da lo mismo si son mujeres o niños, padres de familia que salieron a trabajar o estudiantes que nunca volvieron de la escuela.

Quedan sus rostros, quedan sus sonrisas y todas la cosas que quedaron pendientes.

Se trastorna la mente de tanto pensar, de querer explicar o encontrar algún motivo razonable.

Lo peor es no saber qué fue de ellos, lo mejor sería saber si murieron, sí, sería lo mejor, ante la sola idea del Infierno que algunos tuvieron que atravesar.

Pierden su identidad, al gobierno no le interesa su nombre o su familia, sus sueños o todo lo que dejaron inconcluso.

Importa solo el dato duro, la cifra siempre inexacta que aportan los medios de comunicación.

 

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No hay peor castigo que el silencio y el luto anticipado de las miles de familias en México, desesperadas buscan entre fosas clandestinas a ellos, sus hijos, hermanas, padres, amigos…

No hay justicia ni reparación del daño, ni siquiera la forzada petición del perdón desde las autoridades.

Nada elimina el dolor y la pena de no saber dónde quedó ese pedazo de tu vida.

 

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Son los desaparecidos, canciones que no acabaron de escribirse; se cuentan por miles, se cuentan por ausencias que son noticia efímera… 26 mil 898 personas extraviadas según cifras oficiales.

Se cuentan los pasos a tumbos para encontrarlos: Tamaulipas, Guerrero, Estado de México, Jalisco, Nuevo León o Sinaloa; balaceras y enfrentamientos entre el crimen, aún más organizado, dicho sea de paso, que el propio gobierno.

Se habla de padres y madres que recorren el país entero con la única esperanza de saber su paradero; se habla de las fosas clandestinas y tiraderos de muertos sin que importe en lo mínimo la vida humana.

Hueso tras hueso, aventados unos sobre otros, existencias arrancadas sólo porque pueden hacerlo.

 

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No hay descanso para sus almas, tampoco para la de quienes nunca los hallaron

 


Datos obtenidos del Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (Agosto, 2016).

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