Ovalado

Reflejo perfecto de ese vidrio cristalino
Hermanado con el metal bruñido,
Y ceñido en su contorno
Por la presencia del madero
Que se ha tornado añejo.
Frente al espejo miro mi retrato;
Silueta de mujer, el aspecto externo;
Clara superficialidad que fluctúa vagamente
En los esquemas relativos de la belleza vana.
Y me acerco a él, cara a cara,
Para que ese, mi mirar,
Se adentre hasta los confines de mi propia alma
Y me veo en la totalidad, sin la careta de la carne;
Desnuda me reflejo frente a mi verdadera esencia.

 

IRMA CAMPERO se mira “Frente al espejo”, pero no sabe que su reflejo nos alcanza desde la primera página de su libro, su primer libro de poesía. Nos vemos en ella y ella nos invita a observarnos con el mismo amor y severidad con el que se espía a sí misma. Se libera al aceptarse y nos libera al cuestionarnos quiénes somos y si somos capaces de aceptarnos tal cual. Si al observarnos a nosotras mismas podemos contar los defectos y olvidar las virtudes. Si negociamos con la vida y logramos salir ganando, a veces tiempo, a veces buenos recuerdos, a veces lecciones, a veces lágrimas, a veces pruebas, siempre fuerza.
La voz de Irma Campero se lee a sí misma el día que presentó su libro en el Centro cultural “El Reloj”. Sabe dar tono a cada palabra, envolverlas en un ritmo que la delata y que te conmueve.

Un eco poderoso puede latir al compás de nuestros corazones. Sencillez y belleza se hojea en cada página de su texto. Desata escándalos de suspiros cuando la lectura sin ningún esfuerzo logra atrapar e identificar. Un sonrisa de orgullo entre la gente que la acompañamos. Un aplauso sincero después de cada poema leído.

 

Creo que nunca antes probaste
Un beso como mi beso,
Porque temblabas como una gota de rocío
A punto de caer de la suavidad del lirio.
Y te sorprendió que mordiera tenuemente
La carnosidad de tus labios,
Yo, simplemente los degustaba como una uva gorda y dulce,
De esas que están en su perfecta maduración.

 

Editado por “Vozabisbal”, la obra está dividida en cinco partes. La primera se titula “Reflejos diáfanos”, donde Irma Campero renace y va por la vida, se aleja para acercarse, se acerca para irse lejos, ave en libertad. Comparte lo que observa de ella misma y muestra lo que desea ser.

 

Soy otra
Y lo he sentido;
Soy inicio de luz
Candente a mis sentidos.
Soy figura de mujer
Engrandecida,
Con ropaje tibio
De color de lirio:
Con risueño rayo
En la faz plasmado;
Con caireles de versos
En mi ser nacidos.

 

Un libro lleno de espejos necesita compartir sus reflejos, por eso la segunda parte se titula “Reflejos deslucidos” donde los sentimientos de dolor y desesperanza parecen cuartear cada palabra. Una mujer puede sufrir, no dormir, estar sola, escuchar mentiras, esquivar suplicios, torcer su destino, pero su propia voz y su propio reflejo la convencen que la vida tiene todos esos detalles, que lo mejor es verbalizarlo, escribirlo, compartirlo.

 

Vuelvo a mi cama revuelta y fría.
¡Me parece tan inmensa,
que siento caer sobre mi piel
el manto de la tristeza!
Pasan como pausados los segundos,
Y mi mente que no se detiene
Divaga entre la realidad y la fantasía,
Así que mejor enciendo una lámpara,
Tomo una hoja que espera ser usada
Y al punto escribo:
Toda la noche ha estado lloviendo,
Lo sé,
Porque mis párpados…

 

En “Reflejos Tiernos”, la tercera parte una mujer es bendecida aunque un deseo no cumplido late un ella, una orden patriarcal que marca el destino de toda mujer, una ilusión humana que a veces llega a ser realidad y a veces no, pero cómo duele cuando la imposibilidad está delante nuestro. La maternidad como deseo y la maternidad como mandato, cualquiera de las dos alternativas nos marca por siempre.

 

Niño que duermes en las calles perdidas:
Si hubieras nacido de mí
No carecerías del beso tierno,
Y del abrigo de mi pecho;
Pero mis entrañas no te contuvieron
Ni hicieron crecer simiente alguna,
Yo salgo de este aturdimiento de mi mente,
La calle está casi desierta,
Y mis ojos anegados de tu pobreza y mi tristeza,
No dormirán esta noche, ni otras más,
Porque han visto tu desamparo
Y saben de mi ansia de amar.

La muerte siempre rondando nuestra vida, la queremos ignorar por miedo. La sabemos cerca, inevitable. “Reflejos tétricos” cantan al dolor de perder a un ser amado, pero consuelan con la resignación y la promesa de no olvidar.

Cuando presienta mi muerte
Quizás mis pasos ya de tanto andar se hallen cansados;
Y mi rostro de tanto vivir lleve los surcos marcados.
Cuando la hora se acerque tomaré mi último aliento
Para ir a tenderme en el campo.
Mi espalda encorvada,
Mi espalda ya vieja, querrá sentir por última vez
El frescor de la hierba, el latir de la tierra.

El libro cierra con un solo poema, es la última parte titulada “Reflejo Místico”, un canto generoso que agradece la vida a alguien especial, a Él, que puede ser dios pero también puede ser la persona amada, el padre querido, el amigo solidario. Alguien que siempre está ahí para inspirarte o para consolarte, que te da fuerza, que nunca te deja sola.

 

Mi gratitud a Él;
Al de la mano precisa y justiciera;
Al que bordó en manto nocturno
Plateadas estrellas de luz infinita;
Al que sabemos;
Sabio Creador de la mínima hierba;
Constructor del espacio
¡Supremo Hacedor de mi alma y la tierra!

Irma Campero es una inspiración para quien la lea y para quien la conocemos. Su fuerza es contagiosa, su necedad es digna de imitar. La entrevisté hace mucho en mi programa de radio. Su voz modulada, su tono generoso. Su vida, una lucha constante. Yo agradezco a la vida que mi querido sobrino Alam se haya encontrado con ella. Gracias a su ejemplo y dedicación jóvenes como él logran ser ganadores de la vida. Lo entrenó y lo convirtió en campeón. Durante el tiempo que fue presidenta de la “Asociación de Deportes sobre Silla de Ruedas del estado de Hidalgo”, ayudó a mucha gente. Los enseñó a competir, a disfrutar los triunfos y a aprender de las derrotas. Por eso, no dudé ni un instante de acompañarla en la presentación de su libro. Por eso, me acerqué a ella para pedir que me escribiera una dedicatoria en mi libro:

 

Querida Elvira:
Escritora, colega y lo que sé de ti, defensora de los derechos de las mujeres.
Con mucho cariño esperando que estos versos sean de tu agrado.

Irma Campero

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