Nosotros, los habitantes de la Tierra, tenemos un talento especial para arruinar las cosas grandes y hermosas.

Ray Bradbury en Crónicas Marcianas

¿El hombre es bueno o es malo por naturaleza? Aun recuerdo la primera vez que semejante pregunta se planteó en mi salón de clases y el gran revuelo que causó en mí. Para la resolución de esta duda suele recurrirse a dos importantes filósofos con posturas opuestas.

En una esquina tenemos a Thomas Hobbes, filósofo inglés del siglo XVII, “El hombre es un lobo para el hombre” escribió. Lo que Hobbes pensaba era que el hombre nace con la predisposición al egoísmo y a la violencia. Un individuo que constantemente genera violencia y guerra, incapaz de vivir en armonía con sus semejantes. Dicha forma de pensar fue la justificación para la implementación de una monarquía absoluta, como forma de controlar tanto “lobo”.

En la otra esquina tenemos al filósofo suizo del siglo XVIII: Jean-Jacques Rousseau. Él pensaba que el hombre es bueno por naturaleza pero es corrompido por la sociedad. Este hombre corrompido es egoísta, lleno de odio e incapaz de regresar a su estado natural de bondad, por lo que propone un contrato social. Dicho contrato se da entre el individuo y la sociedad, garantizando armonía y anteponiendo justicia al instinto, esto a cambio de colocarse bajo la voluntad general. Gracias a esto, el hombre puede recuperar parte del bien y de las libertades pasadas.

En una tercera esquina podríamos poner la postura religiosa, según la cual el hombre fue creado a imagen y semejanza de dios, lo que implicaría que es bueno, sin embargo, debido al pecado original perdió su estatus, asumiendo ahora todos el pago por dicho pecado.

La experiencia y la revisión de hechos me llevaron a inclinarme más hacia la postura del hombre que es lobo para el hombre, esto debido a que históricamente el hombre lleva destrucción allá donde va. Me explicaré con un ejemplo y con una obra literaria que trajo a mí nuevamente estas ideas recientemente, me refiero al descubrimiento de América y al libro Crónicas Marcianas, respectivamente.

El descubrimiento de América y la posterior conquista es el hecho más parecido que lograremos encontrar a un posible encuentro con extraterrestres, no por nada se le conoce como el encuentro de dos mundos. A pesar de las implicaciones a muchos niveles, lo que aquel encuentro provocó fue la situación vista mil veces antes: el más fuerte se aprovechó del más débil. No fue un agradable intercambio de conocimientos y cultura, fue la ley del más fuerte la que imperó, la que sigue gobernandonos como los animales que somos.

Otro ejemplo de esto lo encontré en el libro de Crónicas Marcianas. Este es un conjunto de historias sobre la ficticia conquista de Marte. Aquí se imagina la llegada del hombre a un planeta vivo, con una civilización marciana avanzada, con arte, tecnología y sociedad. La llegada del hombre a nuestro vecino planeta provoca la extinción de la raza alienígena y con ello la desaparición de su cultura. El arte imita la vida y ejemplos como este podemos encontrar en obras más populares como Pocahontas o Avatar (Pocahontas en 3D), Tarzan, etc. En todas estas historias vemos el potencial destructivo del hombre con aquello que le es ajeno, que no entiende y que no se molesta en comprender.

Estos y más ejemplos me permiten identificar al hombre como un ser naturalmente más malo que bueno, más parecido a un lobo para sí mismo que en un agente de bien. Sin embargo, siendo justos hay que tener en claro que la definición de bien y mal está delimitada por una carga moral. Dicha moral no puede naturalizarse, no podemos usarla para definir actos naturales como buenos o malos ¿un terremoto es malvado? ¿el león que caza es malvado? el nacimiento del ser humano es un acto natural, entonces, ¿el ser humano que nace es bueno o malo?. El ser humano es como una computadora que incluye ciertos programas ya instalados y con ciertas capacidades para poder aceptar nuevos programas, esta computadora podrá ser utilizada para estafar por internet o para mantener la administración de un hospital. El potencial de cualidades existe dentro de él, la sociedad, el entorno y su familia potenciarán más algunas que otras.

Sobre El Autor

Abraham Peralta

Psicólogo con especialidad en Plantas vs. Zombies

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