¿Desde cuándo en México la comunicación se convierte en un escenario para ser estudiada en las universidades, para convertirla en objeto de estudio e investigarla e hilar conceptos y categorías que nos permitan hacer referencia a la teoría de la comunicación? ¿Dónde empezaron a surgir los hilos de este tejido? ¿Cómo elegimos las finas agujas para escribir su historia y debatir su importancia? ¿Qué puntadas se nos ocurrieron para institucionalizarla y convertirla en objeto de estudio, campo académico, disciplina y/o ciencia? ¿Quiénes son las tejedoras y tejedores de esta necedad de descubrir emisores, mensajes y receptores?

Preguntas que van surgiendo cuando intento ser una Penélope de la comunicación y en cada puntada entrelazo escenarios y décadas por la mañana, mientras que por las noches destejo estampados para escribir con ese mismo estambre nombres y títulos de quienes han hecho posible esta capacidad para que yo pueda tejer nuestra historia. Necesito mencionar con nombre y apellido a quienes entre puntadas y objetivos, agujas afiladas y generosidad tatuada, fueron pioneros y pioneras, ellas y ellos que hoy están aquí, que por sencillez quizá preferirían no ser mencionados, pero por sabiduría formaron poco a poco una comunidad percibida

Y todo esto ocurre porque esta semana, en la Ciudad de México, se llevará a cabo el Congreso de la Asociación Latinoamericana de Investigadores de la Comunicación (ALAIC). Si bien del 5 al 7 de octubre habrá conferencias y mesas de trabajo, el 3 y 4 de octubre hay un coloquio denominado ‘Tejiendo nuestra historia. La investigación de la comunicación en América Latina’. Y donde como presidenta de la AMIC (Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación), participaré y en una parte de mi conferencia exploro los libros pioneros que dieron fuerza a esta historia que tejo como buena Penélope de la comunicación.

Y yo he preferido tejer nuestra historia con los puntos de un tejido tradicional que se clasifican en simples y complejos, donde obras y nombres han hecho posible que la investigación en México tenga un origen y una memoria que ya no se puede olvidar a sí misma. Quiero ser optimista porque reviso con orgullo los primeros estudios y los primeros títulos, nombres de hombres y mujeres que en ese tiempo abrían camino por convicción e inspiración. Textos que marcaron pauta a nuestros orígenes. Creo en ello porque como dijo Raúl Fuentes Navarro, “en los libros se encuentran sistematizados los saberes que los estudiantes deberán apropiar y, quizá, ‘aplicar’ en el ejercicio de una profesión, en la práctica de la investigación, en su ubicación ‘ilustrada’ y eficaz en el entorno social”.

Así en 1975 Florence Toussaint da a conocer su Crítica a la comunicación de masas, en el texto 100 libros hacia una comunicología posible, Marta Rizo, Tanius Karam y Jesús Galindo dicen de esta obra:

Para la comunicología mexicana esta obra es básica. Primero, por la época en la que surgió: los años setenta, momento de emergencia del campo académico de la comunicación en el país. Además de su carácter pedagógico, destacamos el carácter de divulgación de este libro, ya que en él se agrupan algunos de los autores fundamentales para la comunicología en tres grandes corrientes o paradigmas. La intención de la obra es ser una guía para la comprensión de estas tres corrientes de pensamiento social y comunicológico, una introducción a los principios conceptuales, teóricos y analíticos que cada una de estas corrientes aportó a los estudios sobre comunicación de masas. Pese a que la obra no reflexiona en profundidad sobre cada uno de los enfoques que se presentan, consideramos que se trata de un libro importante para la comunicología mexicana, sobre todo por su valor pedagógico y divulgador de teorías que se encuentran dispersas en un sinfín de obras y que, aquí, aparecen agrupadas y expuestas de forma sintética.

En estos orígenes, recuerdo muy bien la emoción cuando era estudiante de la licenciatura en ciencias de la comunicación -1981- y mis profesores repetían con verdadero orgullo que por primera vez llegaba a nuestras manos una investigación que permitía revisar y comprender la estructura, el régimen y desarrollo de los medios nacionales, así en 1982  Fátima Fernández  publicó Los medios de difusión masiva en México. Otra vez cito los 100 libros de la comunicología posible para recuperar su importancia:

La obra que tiene este campo para el estudio de la difusión es significativa, sobre todo en el caso mexicano, ya que fue de los primeros libros en abordar el estudio de los sistemas de información pública con esta perspectiva. Este libro aporta para el medio mexicano una tendencia de estudio que al momento de su primera redacción (finales de los setenta), era novedoso o de menor uso en México.

Fátima Fernández y Margarita Yépez coordinaron, en 1984,  Comunicación y teoría social, una verdadera joya de la investigación en comunicación en México. Me conmueven los breves perfiles curriculares de los y las autores porque en ese tiempo la mayoría fueron mis profesores, la mayoría licenciados en periodismo, algunos ya haciendo su posgrado. Todos los textos son significativos pero creo que destacan por la fuerza de sus argumentos dos de ellos.  El de Mauricio Antezana, La errátil circunstancia de las ciencias de la comunicación, así como el de Felipe López Veneroni, La ciencia de la comunicación en México.  Sobre el primer texto, bien señala Raúl Fuentes que “Mauricio Antezana al analizar esta sobredeterminación socio-profesional y relacionarla con las dificultades que la práctica social impone a la constitución epistemológica del objeto de estudio de las ciencias de la comunicación… señala así tres tensiones medulares:

  • La crisis de las universidades en lo que toca a sus funciones sociales y que en el campo de la comunicación las hace oscilar entre el teoricismo y el pragmatismo
  • La presión de una industria cultural crecientemente dominada por un consorcio que se ha convertido en auténtica empresa trasnacional
  • La necesidad de resguardar los espacios para el trabajo teórico y la consolidación de una ciencia que se quiere poner al servicio de intereses sociales mayoritarios y la construcción de un país distinto del actual

En 1986 Manuel Corral presentó La ciencia de la comunicación en México. Origen, desarrollo y situación actual. Sobre este último, Rizo/Karam/Galindo indican:

Este libro tiene, ante todo, un valor histórico. En este sentido, su importancia radica en la presentación del contexto de los estudios de comunicación en la década de los ochenta. El libro inauguró la producción sobre diagnósticos y balances de los estudios de comunicación en México

Raúl Trejo Delabre coordinó en 1985 un libro muy representativo sobre los alcances y la importancia de hacer investigación en comunicación,  Televisa, el quinto poder, referencia obligada desde el año que surgió hasta la fecha para comprender a este monopolio. Desde ese momento uno de los investigadores más representativos de México marcó su perspectiva crítica y analítica así como su generosidad al invitar a otros colegas a reflexionar y analizar en cada página de esa obra: Fernando Mejía Barquera, Florence Tousaint, Fátima Fernández, Carola García Calderón, Alberto Rojas Zamorano, Humberto Musacchio, Patricia Ortega y el mismo Raúl Trejo.

Uno de los primeros ensayos que ya marcan la preocupación por destacar desde la perspectiva filosófica y epistemológica el análisis de la comunicación, en 1987 Enrique Sánchez Ruiz, dio a conocer Centralización, poder y comunicación en México.  Aunque otro de sus libros importantes es el que dio a conocer en 1992 con el título Medios de difusión y sociedad. Notas críticas y metodológicas, bien se destaca de este investigador mexicano:

Es uno de los estudiosos de la comunicación mediológica más conocido dentro de México y en América Latina. Su objeto de trabajo ha sido la televisión. Y es uno de los llamados científicos de la comunicación. El autor es representativo de una generación, de su pensamiento, de su perspectiva analítica. La generación marxista de los setenta, la que fundó el campo, está presente aquí en su voz metodológica. En ese sentido el libro es muy importante para el campo de la comunicación mediológica y con orientación de izquierda

El mismo Enrique Sánchez Ruiz coordinó en 1988 la obra La investigación de la comunicación en México. Logros, retos y perspectivas, editado por la Universidad de Guadalajara y AMIC, producto precisamente de una reunión realizada en 1987 de la misma asociación. Catorce textos que permiten atisbar el esfuerzo y compromiso de quienes abrían camino para fortalecer y consolidar la investigación de la comunicación en México: Raúl Fuentes Navarro, Raúl Trejo Delarbe, Guillermo Orozco, Javier Esteinou, María Antonieta Rebeill, Alma Rosa Alva de la Selva, José Carlos Lozano, Abraham Nosnik y Soledad Robina. Objetos de estudio, líneas de investigación, diagnósticos y efectivamente retos y logros.

En ese mismo periodo tan significativo para el surgimiento de trabajos en los escenarios de la comunicación, Javier Esteinou empezó a dar muestras de su calidad productiva. Publicó en 1983 Los medios de comunicación y la construcción de la hegemonía. Tres años después Economía política y medios de comunicación: acumulación, ideología y poder. En 1989 Hacia una primavera del espíritu nacional. Propuesta cultural para una nueva televisión mexicana, un texto que representa lo que marcará la trayectoria de este investigador significativo en nuestro país, donde el caso descriptivo de las condiciones en que se ha desarrollado la televisión en el país da pauta para la reflexión y la crítica, el debate y la sugerencias, la apuesta para un mejor desarrollo social de este medio de comunicación.

Con total agradecimiento debo citar a Raúl Fuentes Navarro, quien en 1988 presentó La investigación de comunicación en México: Sistematización documental 1956-1986. Obra que nos permitió un diagnóstico cuantitativo y cualitativo de las condiciones, logros y retos de investigar la comunicación en México. Sus aportaciones son sintetizadas por Rizo/Karam/Galindo:

Raúl Fuentes es uno de los personajes centrales en la historia del campo académico de la comunicación mexicana. Durante toda su trayectoria profesional se ha dedicado a estudiar y reflexionar sobre el, pero sobre todo ha sido un actor, un protagonista… Otros textos también completan esta brillante carrera de un profesional que ha sido un hombre de acción al mismo tiempo que de reflexión.

Sin duda su libro titulado La comunidad desapercibida. Investigación e investigadores de la comunicación en México (1991) sigue siendo provocador y provocativo, inspiración y aliento, amenaza y esperanza, el reto siguiente y el que sigue, el otro, el que nos sigue fortaleciendo:

El campo de la investigación de la comunicación, es un campo en efervescencia, en permanente desequilibrio y cambio, en búsqueda de una consolidación aun lejana. Teóricos e investigadores, profesores y estudiantes, profesionales y practicantes empíricos (entre los cuales hay que incluir a todo miembro de la sociedad) desarrollan actividades comunicacionales con mayor o menor eficacia concreta, pero sobre el fondo de explicaciones generales muy limitadas.

Crítica y auto crítica, reto y sacudida, provocación total, inspiración constante, el bosquejo analítico que presenta un balance histórico de lo logrado y no logrado, parece desesperanzador pero fue más provocador, su diagnóstico reconoce que las crisis no son siempre para escandalizar quizá ayuden a reordenar, a pasar estafetas, a heredar y a inspirar, a seguir ejemplos, a querer hacer más.

Hay que hacerlo todo y hay que hacerlo todos para producir conocimiento sistemático sobre la comunicación. Porque esto se ha ido haciendo así, desde hace más de 30 años, es que la investigación de la comunicación en México tiene ya algún presente y cada vez más futuro.

Cierro este recorrido con un colega cercano al corazón mexicano de la comunicación, Martín Barbero quien prologó otro libro significativo coordinado por Guillermo OrozcoLo viejo y lo nuevo. Investigar la comunicación en el siglo XXI (2000):

… está en camino de dejar de ser una comunidad desapercibida –como certeramente tituló Raúl Fuentes, en 1990, el libro en que empezaba a tomarle el pulso al campo y la comunidad de investigación de la comunicación en México- para convertirse en una comunidad autopercibida y reconocida.  Pues como escribí, prologando aquel libro: una comunidad intelectual  se constituye no sólo sobre la base de tener en común conocimientos  -un capital en lucha por su apropiación-, sino también al reconocimiento de unas posiciones teóricas y de unas interpelaciones sociales. Y eso es lo que, más allá de la diversidad de temas y de enfoques, y aun de los muy diferentes niveles de la reflexión y elaboración que manifiestan los textos, revela este libro: la formación en Guadalajara de una verdadera comunidad de investigación en comunicación…

Desde mi optimismo, los inicios fueron inspiradores

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