Justicia para Carmen es un relato de vida que tiene la finalidad de decirles que las historias de mujeres contadas por nosotras mismas logran hacernos visibles en la vida cotidiana. Es así como este relato recupera la historia de vida de Carmen Rincón, una mujer que sacudió al estado de Hidalgo con su vida. Una tragedia que se transformó gracias a su fuerza en una lucha feminista. Su vida ha sido recuperada en tesis de licenciatura y maestría en diferentes universidades del país. Ha sido entrevistada en diversos medios y su voz ha sido invitada a muchos foros nacionales e internacionales. Ahora ella misma se da voz, confía en el trabajo periodístico y la perspectiva de género de una amiga y juntas deciden escribir un libro. Varios meses de entrevistas permiten reunir su propio testimonio.
Nos conocimos en una marcha, el 8 de marzo de 1987. Ese día la Ciudad de México escuchó una voz femenina y desgarrada por el dolor, por el coraje y por la fe en la justicia. Ese día, Carmen Rincón subió a la tarima que estaba colocada en el corazón del Zócalo para denunciar. Ese día, Carmen Rincón habló con la fuerza femenina que causa admiración, que ha roto mitos. Hoy este libro narra su historia desde su propio testimonio con la inspiración de una cómplice.

Las entrevistas fueron estructuradas y realizadas retomando las etapas que proponen Gabriela Cano y Verena Radku en su investigación Lo privado y lo público o la mutación de espacios. Historia de Mujeres 1920 – 1940, publicada en La investigación sobre la mujer: informes en sus primeras versiones, antología de El Colegio de México, 1986. Ellas consideraron las siguientes etapas de vida: la infancia, los estudios, la experiencia laboral, la presencia masculina, la maternidad, la lucha por las mujeres y el futuro.

El primer capítulo se titula ‘Cuando juegas con el viento’ y nos permite asomarnos a la infancia de Carmen:

 

Ser niña en la Bellairosa te hace cómplice del viento.
Despeinas tus cabellos y juegas a romper pilares para salvar a la princesa de los vientos que no es nadie más que tú.
Brincas la tablita mientras el aire murmura a tu oído que dos y dos son cuatro para que multipliques cariños y sueños.
Pides que llueva y que llueva pero el viento…
Pero a esa edad todavía no sabes que entre esas historias cautivas en el viento hidalguense, va entretejida la tuya. Una historia que levantará huracanes de fuerza femenina, remolinos de lágrimas solidarias, tolvaneras de injusticas, vientos de justicia, aires que te rescatarán para ser tú misma y llenar de aire tu necedad de torcer tu destino como esa niña que fuiste y se atrevió a jugar con el viento

 

En la segunda parte, la voz de Carmen nos permite aproximarnos a su manera de amar y enamorarse. De descubrir la posibilidad del amor y de sentirse amada.

 

Y así conocí a José Luis
Me enamoré de él una tarde que me leía un texto de hematología, una tarde cuando el Sol le daba en su rostro e iluminaba su mirada. Sus ojos con esa luz cambiaban de color, el Sol los ponía verdes. Sus ojos son cafés no muy claros pero en las tardes se pintaban de verde, gracias al Sol. Y esa mirada al atardecer me enamoró de él

 

Luego de conocer al hombre que será su compañero de vida, como todas las parejas planean, sueñan, se van a vivir juntos, van creando su patrimonio pero sobre todo van soñando con una personita que sea testigo y prueba de ese amor. Es así como deciden convertirse en madre y padre. La espera será como toda espera, llena de amor y sobresaltos, amor y miedo, amor y esperanza, amor e ilusión.

 

Fue así como lo deseamos entre pláticas, indecisiones, sueños y certezas.. No fue una sorpresa saberme embarazada pero la noticia me hizo muy feliz. Significaba coronar esta vida que nos sonreía. José Luis no podía ocultar su asombro y creo que hasta su miedo. Yo me ilusioné desde el primer instante. Ya te imaginarás, mi abuela quería preparar todas las flores para llenarme ya de aromas mágicos, que fueran bendiciendo mi vientre, que llenaron de cantos gozosos. Por parte de mi padre, el amor y la alegría de conocer a quien ya crecía dentro de mí, que me iluminaba con ese brillo especial que te da la maternidad deseada, amada, esperada.

Mi papá estaba muy emocionado. Mi mamá orgullosa, tía Reyna, tía Cata, tía Mica y mi abue, estaban felices. Mis hermanas y mis primas ya la querían tener en sus brazos. Mis primos, con los que jugaba de niña, me hacían bromas y me apapachaban. Mis primas le hicieron su moisés y tía Cata tejió los baberos y las chambritas. Mi abue hizo unas camisitas con una moda del porfiriato. Cada quien a su manera esperaba a mi bebé con amor, con ilusión, con amor total. En mi casa todo era alegría e ilusión.

Yo no dejé de trabajar, me encantaba ver cómo crecía mi vientre. La ropa de maternidad en mi cuerpo. El andar diferente. Los primeros movimientos dentro de ti que te sorprenden y te permiten comprobar que efectivamente alguien crece dentro de ti.

Me gustaba ahora sentir el viento, como si al levantar mi vestido quisiera presumir este embarazo. Este aire que parecía murmurar esa afirmación tan gozosa: “Carmen, serás madre”

 

Pero después, la tragedia. Lo que debía ser un canto a la vida, simplemente fue un canto de lágrimas, de tristeza, de indignación. Carmen es mal atendida en el parto.

Sentía que moría, el médico empezó a hacer llamadas y decidieron hacerme una cesárea. Estoy segura que todo se hacía con descontrol absoluto por eso ella nació sin ningún latido ni suspiro. No pude besarla, decirle que la amo. Su color no fue ese rosado poema, su llanto no se unió al mío. Su color ya delataba mi luto. Su silencio me traspasó el alma. Su silencio me hizo levantar la voz.

 

Empecé a gritar…
– ¡Asesinos!
– ¡Asesinos!
– Han matado a mi hija.
– Ustedes le quitaron la vida.
– Ustedes la mataron…

 

Y Carmen pudo quedarse encerrada en casa, envuelta en su dolor, llorando su tragedia. Pero una tarde, que deseaba seguir llorando, se asomó a la ventana. Vio a una niña, una niña que podía ser ella misma, una niña que podíamos ser cualquiera de nosotras, una niña como pudo ser su hija. Y le angustió pensar que esa niña podía vivir algo parecido a lo que ella vivió, y no, no se podía repetir tan triste historia. Así decidió demandar al médico, luchar, no dejarse, salvarse, aliarse con el coraje por vivir una vida sin injusticia. Otras mujeres se unieron a la lucha:

 

Sin embargo, una noche me llamó mi amiga Diana Bedolla. Indignada escuchó mi historia y me sugirió acercarme a las feministas.
¿Las feministas?
Sí, las feministas
De inmediato marqué el teléfono que me dio. Martha Lamas me contestó. Primero incómoda porque una desconocida se atrevió a llamarla a su casa. Pero mi historia la impresionó, la indignó, en ese ratito la hizo suya. Me citó en la Ciudad de México. “Carmen –me dijo- no estás sola”.
A los pocos días la conocí a ella y a otras mujeres admirables, solidarias, ese ambiente de sororidad palpable y posible. Nombres significativos fueron acompañándome en esa lucha: Martha Lamas, Patricia Mercado, Pilar Muriedas, Ana María Hernández, Itziar Lozano, Sara Lovera, Isabel Barranco, Yanina Ávila y muchas más.
Sacaron un desplegado en periódicos de circulación nacional:
“¡Justicia para Carmen!”.
Mandaron decenas de telegramas a políticos y luchadores sociales:
“¡Justicia para Carmen!”.
Crearon una comisión de apoyo que en diferentes espacios insistían, difundían, pregonaban:
“¡usticia para Carmen!”.
El 8 de marzo de 1988 fui oradora en el mitin que se hizo en el Zócalo por el Día de la Mujer, esos días de lucha y de denuncia:
“Me llamo Carmen Rincón”, resonó mi voz en el corazón de la Ciudad de México.
“Me llamo Carmen Rincón y fui víctima de la negligencia médica. Mataron a mi hija porque me atendieron mal durante mi parto y me dejaron estéril”.
Manos amigas se aproximaron, miradas solidarias me cubrían, acciones, decisiones, apoyo total

 

A esa lucha de denuncia, a esas marchas y desplegados Carmen sumó su amor, su ilusión y adoptó a una niña hermosa, a un niño especial. Siempre hay una forma de parir desde el corazón. Su hija una vez descubrió la cesárea que marcaba el vientre de Carmen, le preguntó que si de ahí había salido ella. Su madre le dijo que no, entonces la niña se quedó pensativa y desde su sabia inocencia, le dijo: “Ah, es que yo nací de tu corazón”. Cuando adopta a Emiliano otra vez la vida la hace experimentar una prueba difícil, el pequeño enfrenta un problema de salud. Carmen cree que esta vez ya no podrá seguir adelante:

 

Y una noche me llama Martha Lamas. Sacó mi dolor, mi rabia. Maldigo, reclamo. Lloro y grito. Pregunto mil veces: ¿Por qué? ¿Por qué me pasa esto? ¿Por qué a mí? ¿Por qué, mil veces por qué?
Y Martha, con toda la paz en su voz, me interrumpe:
No Carmen, mejor pregunta para qué, escarba en tu fuerza y responde para qué te pasó esto.
Fue otra sacudida. Fue como volverme a encontrar. Fuerte y decida. Con una razón en mi puño cerrado. Y la fuerza de ese amor de madre tan mitificado me fortaleció.
Así, con mi hijo en brazos, toqué muchas puertas, ninguna se abrió. Me topé con la indiferencia más inhumana. La exclusión constante. Lástima en vez de solidaridad.
Y ese para qué me inspiraba.
Yo misma me auto-interrogaba: ¿para qué Carmen? ¿Para qué?
Yo misma me motivaba: voy a encontrar ese para qué

 

Desde entonces Carmen Rincón ha encontrado el para qué de su vida, por eso se ha atrevido a contar su propia historia, por eso la ha compartido conmigo entre lágrimas y sonrisas, entre solidaridad y sororidad, palabras de mujer fuerte que me dictó todo su testimonio con los latidos de su alma fuerte.
A mis 56 años tengo una experiencia que acumulé durante estos 28 años, tengo esta experiencia y debo hacerlo. Desde entonces palpo y siento este compromiso moral y ético. Trato de heredarle a Estelí este compromiso. Trato de inculcárselo a Emiliano, ese niño que dentro de su discapacidad es un joven muy solidario, un chavo muy cálido, generoso, un ser humano feliz.
Entonces no hay final feliz, pero pues sí creo que podemos ir paliando y modificando este tipo de tragedias y violencias como las que yo viví.

Es así como hemos escrito Justicia para Carmen, un libro donde Carmen cuenta su historia y yo intento atrapar su testimonio con respeto y solidaridad. Es así como hemos podido publicar este libro y queremos que lo lean no solamente para que conozcan su vida, sino para que esta situación nos ayude a identificar las duras pruebas de la vida y tengamos la certeza que el coraje de un alma fuerte siempre provoca superar esos obstáculos, esas tragedias, esas historias desgarradoras. Quiero agradecer a Luz Martínez Hernández la transcripción fiel de las entrevistas que le hice a Carmen y por supuesto a Carmen haber confiado en mí para escribir este relato.

 

El libro está en venta en la página de la Editorial Académica Española, organización que nos publicó con generosa solidaridad. Justicia para Carmen, un testimonio que luego de leerlo, nos reconcilia con la vida.

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