Murakami, Yoshimoto, Katayama, Oé, Kawabata, Ichikawa y después el difunto Mishima comienzan a sonar mucho por América, últimamente por México. Entonces, parece existir la resonancia de algún boom venido de Japón y ahora la vanguardia de las letras parece apuntar hacia esa isla futurista. Pero, ¿será posible que tal estallido llegue directamente de aquel país? De los anteriormente mencionados, los que más popularidad tienen son Haruki Murakami, en primer lugar y Banana Yoshimoto, en segundo, aunque al parecer viene también Kyoichi Katayama para pelear por el trono. La invasión japonesa llega desde los ochenta a América. De inicio, ha sido un bombardeo visual: arte contemporáneo, manga y cine, sobre todo de animación, han pasado por la alfombra roja al continente y México no ha sido la excepción en recibirlos. Entonces, ya están en boga tanto Yayoi Kuzama como Hayao Miyazaki o Akira Kurosawa también. Pero en cuanto a las letras, ¿qué tipo de códigos llegan del Sol Naciente a occidente? Puesto que primero pasan por una traducción y son interpretadas al castellano por editoriales como Alfaguara y Tusquets, es obvio que primero pegaron en España y la colación de su sal es lo que llega a América. Es decir, que sin meterse para nada con la historia, cuando se traduce, la esencia del estilo tiene más empatía con el occidente que con el oriente. Entonces, el boom estalla en Europa primero y después se conecta con América.

Cabe la posibilidad de que Murakami y Yoshimoto describan cosas de su país, dirigidas para el público occidental, y que a partir de que se han vuelto best sellers, abran el interés de los lectores hacia otros autores. Algunos prefieren quedarse con esos dos, pero otros sí se arriesgan a explorar a Yasunari Kawabata (Premio nobel), o más atrás a Yukio Mishima, Kenji Miyazawa, hasta Mitsuo Bashó y el Haiku u otras formas de poesía japonesa, Pero el caso es que estos dos autores son la puerta para ver una pizca de panoramas orientales, sobre todo a un público juvenil.

En esta ocasión se hablará de la autora Banana Yoshimoto y su libro, Sueño profundo. Creadora de otras obras trascendentes como Kitchen, su primer novela que con un golpe de suerte fue premiada, Tsugumi, Amrita, El lago, Un viaje llamado vida, entre otras, presenta tres cuentos conectados por el recuerdo, la nostalgia y de cierta manera con el fin de los ciclos, todos con una atmósfera y un tono melancólicos. El primero posee el mismo título del libro, Sueño profundo, hace alusión a la protagonista de nombre Terako, quien cada vez que duerme, entra en un sopor y descanso al que muy pocas personas llegan, puede dormir por horas durante el día y volver a dormir profundamente en la noche, aunque a veces usa la oscuridad para dar paseos sola. Ella se relaciona con un hombre casado, para tratar de olvidar el suicidio de su amiga. ¿Es posible entonces que duerma tanto para olvidar ese dolor? Podría ser, pero, la realidad de Terako se encuentra a la deriva, pese a que su amante la corteja como nadie, podría ser que jamás sea un amor correspondido. Terako podría fingir que no importa, pero en el fondo ella desea salir del abismo somnífero en el que está sumergida. En el segundo cuento Los viajeros de la noche, la protagonista llamada Shibami, acaba de perder a su hermano, los recuerdos la carcomen, pero al poco tiempo tiene contacto con una chica estadounidense llamada Sarah, que fue novia del fallecido y que lo amó perdidamente, el reencuentro con ella podría ser un cambio con mucho significado, pues junto a ella aparece un sobrino perdido, quien tiene los mismos ojos de su hermano. Una experiencia, el tercer cuento, habla de Fumi-Chan, recientemente alcohólica y que solo puede conciliar el sueño con la bebida. Ella comienza a escuchar una melodía, que no sabe de dónde proviene, pero que la conecta con una antagonista muy bien elaborada, Haru, una mujer con quien compartió a un hombre en el pasado, y el recuerdo de tal triángulo amoroso tiene a Fumi-Chan envuelta en la perdición. Pero al enterarse de que Haru murió en París, intenta comunicarse con ella por medio de sueños e hipnosis, para darse cuenta de que tal vez la amó más a ella que a su ex novio, pese al rencor que le tenía a su imagen.

Sueño profundo es un libro que puede quedar fácilmente impregnado en la memoria del lector, tal vez no tenga la gran fuerza de Kitchen, o la nobleza de Tsugumi, pero estos tres textos transportarán a un estado de sopor, de melancolía pero a la vez de dulzura. Algo que tienen los libros de Yoshimoto, es que siempre se trata de una lectura acogedora, fácil pero con grados de profundidad entre líneas. No se puede asegurar qué tanto pueda acusarse a esta autora nacida en Tokio de usar fórmulas masticadas para describir oriente de una forma fácil de comprender y que ese haya sido su camino a ser best seller, como se ha acusado a Murakami, pero sí se puede asegurar que cada uno de sus libros causa una suave intriga que conduce directo hasta la última página; lo que evidentemente la ha llevado a tener más aceptación por el público joven de occidente.

En la recomendación musical, alguien con la misma suavidad y destreza que su coterránea: Keiko Matsui. Es considerada más una compositora tecladista que pianista, por el género al que se inclina, que raya entre el new age y el smooth jazz. Se presenta a continuación una bella pieza de su autoría, Deep Blue. No sería extraño que la compositora, ya que proviene de un país situado en una isla, haya tenido un impacto sobre el agua que la rodea y compuesto tal melodía dedicada a los océanos.

 

Sobre El Autor

León Cuevas

El responsable y dueño de Sinestésica es el dibujante hidalguense León Cuevas. Reside en Ciudad de México y es egresado de la Escuela de Escritores de la SOGEM. Publicó varios cuentos en diarios digitales, así como uno impreso en la antología Encuentro de escritores hidalguenses del Centro de Arte y Filosofía. Publica también en Sayyeah.tv, sobre cine, espectáculos y libros. Tuvo diversas exposiciones individuales y participó en varias colectivas, tanto en Pachuca como en Ciudad de México. Es autor de la obra teatral “Las seis muertes de Ofelia”.

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