La explosión que ha habido en años recientes a nivel tecnológico ha sido tan rápida que no hemos caído completamente en cuenta de ella, parece que ya olvidamos lo que era la vida sin Facebook, antes teníamos Hi5, Metroflog y algunas otras redes que nunca tuvieron tanto poder como la herramienta espía de Mark Zukarita, ahora tenemos WhatsApp y olvidamos que antes gastábamos casi $1 por mandar un mensaje (con límite de caracteres, eh), y olvidamos que antes de YouTube y Netflix la mayor opción de entretenimiento era sentarse frente a la televisión (gorda, por cierto) y rogarle a Azcárraga y Salinas que hubiera algo decente que ver.

Dentro de esa revolución que se dio a inicios del milenio surgió una modesta plataforma de videos que rápidamente se volvió famosa (relativamente) debido a que cualquiera podía subir sus videos y de esa forma compartirlos con los demás o permanecer inmortalizado para siempre. Esta “pequeña” página llamada YouTube fue comprada por una suma millonaria por lo más cercano que existe a dios: Google. Y así, lo que pareciera un sencillo buscador supo dar pasos correctos y poco a poco se convirtió en una de las compañías más grandes y poderosas del mundo.

Con el respaldo de Google, YouTube se convirtió en una de las páginas más populares y visitadas de toda la red, y mientras más gente miraba para allá, dándole horas de su tiempo, más personas fueron hacia allá compartiendo sus videos. Y así, de forma firme, se convirtió en un lugar donde personas comunes podían lograr una gran visibilidad sin contar con prácticamente nada más que una cámara y su ingenio. Todas esas millones de horas que los usuarios pasaban en la plataforma se convirtieron en oro puro para anunciantes que vieron una nueva forma de negocio y así fue como comenzó a ser rentable para los creadores de contenido. La fórmula es fácil, mientras más gente te ve, más patrocinadores y más dinero podías generar. En un contexto así, donde cualquiera podía convertirse en alguien famoso pronto comenzaron a surgir pequeñas estrellas dentro de la misma plataforma, estrellas que fueron cobijadas por YouTube, contratándolos y dándoles mayor visibilidad dentro del sistema. Dentro de esas estrellas surgió PewDiePie, youtuber sueco que desde hace años tiene la corona como el canal con más suscriptores de la página. PewDiePie, o Felix, que es su nombre real, comenzó grabándose mientras jugaba videojuegos, después, su humor y su ingenio lo llevaron a acumular más de 84 millones de suscriptores. No soy seguidor de ningún youtuber, mientras más los veo más pobre me parece su contenido, sus ideas y su humor, sin embargo, en ese desierto Felix se ha convertido un oasis que logra hacerme reír y que me motiva a seguir sus videos con cierta asiduidad.

La historia de éxito de la plataforma y de sus estrellas entró en un bache, escándalos de sus youtubers y la falta de regulación sobre el contenido de la plataforma hicieron que empresas comenzaran a cuestionar por qué sus anuncios aparecían en videos con contenido nazi (por ejemplo). La plataforma reaccionó poniendo filtros al contenido (no cualquier video puede generar ganancias) y dándole prioridad a aquellos de contenido “agradable” (family friendly). Muchos de los grandes canales de la plataforma reaccionaron criticando algunas de las nuevas políticas, sintiéndose traicionados por la que había sido su casa, ser uno de los principales críticos sumado a algunos escándalos por su humor ocasionaron que Felix perdiera su serie en YouTube Red y fuera convertido en un hijo incómodo de la página. Es por esto que el canal con más suscriptores de YouTube es también uno que jamás es recomendado por la página y uno que nunca tiene videos dentro de las tendencias.

En este panorama, Felix se adaptó y continúo generando contenido para su amplia legión de fans, la situación se calmó y todo volvió a una nueva normalidad. Pero todo cambió cuando la nación de T-Series atacó. Prácticamente de la nada, un canal de YouTube de la India que representa una compañía que produce videos musicales se acercó peligrosamente a la marca ostentada por PewDiePie. Lo que llevó a una loca “guerra” por suscripciones que incluyó anuncios en lugares como el Times Square, videos de celebridades apoyando al youtuber sueco y más recientemente playeras en puntos estratégicos del SuperBowl con la leyenda “Sub 2 PewDiePie” (Suscríbete a PewDiePie). Sin embargo, aunque pases tiempo en YouTube es probable que sea una “guerra” de la que no has escuchado, aun cuando ha movido más de 20 millones de personas. Un evento de esta magnitud, que pudo ser una buena publicidad fue completamente ignorado por YouTube, quien nuevamente vetó de su recuento anual (Rewind) a su máximo creador. La plataforma ha abandonado a sus creadores, ha dejado de cobijarlos y ha vendido sus digitales pompis al mejor postor. La plataforma que abrazó a las personas que con una cámara podían lograr notoriedad para su contenido finalmente se puso del lado opuesto. Esto está ocasionando que algunos de sus generadores de contenidos comiencen a emigrar a otros lugares, buscando el paraíso perdido.

Si bien este no es un tema como los que suelo tratar en este espacio, me pareció importante retomarlo ya que representa perfectamente un cambio que se viene dando en los nuevos medios, los problemas de Facebook con la privacidad de sus usuarios, los problemas de seguridad de Uber y Airbnb, etc. todos ellos indicadores de que el mundo está adaptándose a lo nuevo y buscando formas de hacerlo encajar, no siempre de la mejor manera.

La guerra de PewDiePie contra T-Series es un ejemplo más del hombre contra la corporación, un individuo contra una gran empresa con cientos de empleados y mucho más poder, la lucha ha seguido en pie, David le sigue ganando al gigante Goliath, pero el día que T-Series venza será un día triste para YouTube, será el día en el que se demuestre que la plataforma ahora está más interesada en ese contenido basura, generado antes por la televisión, dejando atrás a aquellos que lucharon, cámara en mano para llegar a una audiencia antes inimaginable, será el día que se dé la largamente anunciada muerte de YouTube como lo conocíamos.

Sobre El Autor

Abraham Peralta

Psicólogo con especialidad en Plantas vs. Zombies

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