Después de escuchar campanadas la noche del 15 de septiembre, la memoria necia me obliga a recuperar los nombres de mujeres que destacaron en esta lucha para que México fuera nuestro México. De inmediato un nombre aparece: Leona Vicario. Reconocida y olvidada, mencionada pero marginada. Leona Vicario desde siempre se hace visible ante nuestras miradas.

¿Qué pensará la gente que vive en un pueblo a 45 kilómetros de Plaza Juárez, precisamente en el estado de Quintana Roo? El pueblo se llama “Leona Vicario”. ¿Sabrán estas personas quién es la mujer que da nombre a su región? ¿Les dará orgullo reconocer a esa heroína de la Independencia de México? ¿Ese reconocimiento basta para evocar con justicia lo que esta mujer luchó en 1810?

No es sorprendente que la mayoría de estudiantes y hasta investigadores al preguntarle por ella la relacionen como la esposa de Andrés Quintana Roo. O la describan como esa mujer de perfil colonial que ilustró un timbre conmemorativo y la estampita que se pegaba en el cuaderno cada 15 de septiembre como tarea de la clase de Historia de México.

Pero las investigaciones y biografías cada vez la acercan más a la representación de una mujer mexicana que a principios del siglo XIX rompió con estereotipos, mitos y símbolos en torno al deber ser femenino y prefirió otro modo de ser humano y libre.

Los reconocimientos no son suficientes, pero delatan las actitudes de una sociedad patriarcal que no sabe ni intenta saber cómo rendir un homenaje honesto a una mujer brillante que luchó por su país con pasión y entrega.

El día de su muerte, el presidente Santa Anna decidió encabezar la procesión fúnebre del sepelio de Leona y dirigió las solemnes exequias en la iglesia de Santo Domingo. Los diarios de la época olvidaron los logros de esta mujer y simplemente destacaron que había fallecido “la dignísima consorte del señor don Andrés Quintana Roo”.

En el centenario de la Independencia los restos de la pareja fueron trasladados a la Rotonda de Hombres Ilustres, hoy de Personas Ilustres, pero nuevamente Leona invadía un espacio masculino. El traslado de los restos fue realizado en un ostentoso desfile por las principales calles de la ciudad de México.

Se dice que en 1827 la legislatura de Coahuila decidió cambiar el nombre de su capital por el de Leona Vicario. Un homenaje en vida para esa mujer que en ese entonces tenía 38 años. Pero no fue posible porque ese tipo de reconocimientos solamente se podía otorgar como honores póstumos. Ante tal situación, el congreso local “hizo votos por que Dios le conservara la vida muchos años para satisfacción de su nación que la idolatra, honra de su sexo y ejemplo de constancia y patriotismo”.

Por lo menos, gracias a sus hazañas de libertad su nombre está escrito con letras de oro en la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión; representa a la mujer  mexicana que ayudó a la lucha por la libertad y que nos dio patria.

Leona Vicario, hoy la insurgenta, gracias a una novela premiada. Siempre la corresponsal general de los insurgentes. Precursora del periodismo hecho por mujeres en México. Una vida que late por siempre en las páginas de nuestra historia. La historia de nuestro país y la historia de las mujeres que estuvieron, están y estarán participando tenazmente en los procesos sociales de nuestro pasado y presente.

 

  • Libros sobre Leona

Una de las investigadoras que con mayor profundidad abordó la importancia de esta mujer es Anne Staples, doctora en historia e investigadora de El Colegio de México. En su libro titulado Leona Vicario (1976). La autora advirtió que la poca documentación existente dificultó mucho explorar su infancia y hasta sus sentimientos. Y pregunta: “¿Hasta dónde puede el historiador imaginar cuáles fueron las circunstancias en su vida que la orillaron a actuar? Por ello, propone reflexionar más sobre lo que no sabemos de Leona que lo que se sabe de ella, interpretar sus silencios y su posible significación”.

Uno de los trabajos pioneros muy significativo es el de Genaro García, calificado como un historiador feminista. Así, este intelectual mexicano del siglo XIX en Leona Vicario, heroína insurgente (reeditado en 1980) muestra, desde una perspectiva emancipadora, se puede escribir una biografía que dibuja a una mujer inteligente, tenaz y decidida. La obsesión de este investigador por recuperar documentos originales de la época colonial, permitió que hasta la fecha se conozcan las expresiones directas, originales y revolucionarias en una mujer de su tiempo.

Otro investigador que la recuperó en el ámbito periodístico fue Fortino Ibarra de Anda, en su libro Las mexicanas en el periodismo (1934), afirma que Leona es la primera mujer periodista en el país. Hace una semblanza, donde celebra su gran iniciativa y bravura al escapar de sus perseguidores, disfrazarse para no ser atrapada y parir a su primera hija en una cueva.

En 1979 revista FEM dedicó un número especial a la presencia femenina en la historia de México, con la denuncia de que las mujeres no han sido incluidas en la memoria histórica del país. Se rechazaba el olvido y menosprecio de que son víctimas las mujeres con la excusa de que su lugar está en el mundo “privado en la penumbra”. Se reivindicaba las distintas formas de participación de las mujeres en la historia nacional. Es así como Elena Urrutia presentó un perfil completo y afirmó que “convendría hacer un poco de historia para recordar la participación valiente y decidida de Leona en las luchas de la independencia”.

En 2010 Carlos Pascual obtuvo el premio Bicentenario Grijalbo de Novela Histórica con su obra La insurgenta. El escritor aseguró “me parece importante escribir acerca de Leona Vicario, porque la historia en México está hecha por héroes y por villanos, porque la historia presenta hechos, cosas; difícilmente presenta ideas y Leona Vicario es ante todo ideas: no dio de gritos en ningún lado, no dio de taconazos en otra parte, no levantó una lápida ni quemó una puerta. Leona Vicario escribía ideas, fue una de las grandes ideólogas de la Independencia, junto con su marido, Andrés Quintana Roo, y eso me parece muy importante resaltarlo y escribir sobre las ideas que gestaron el movimiento independentista”.

Una de las razones para que esta novela fuera la ganadora fue que destacó las cualidades humanas del personaje pero sin idealizarla.

Es así como a lo largo de los años, Leona Vicario aún conquista espacios y reconocimientos, pero sobre todo el interés serio y comprometido por recuperarla con todo su orgullo femenino y toda su historia de mujer mexicana que creyó y luchó por un país independiente.

  • El perfil

Mujer de grandes hazañas de carácter fuerte y de ideologías revolucionarias, guiada por su lema de vida “Me llamo Leona y quiero vivir libre como una fiera”, líder invaluable del movimiento insurgente, pero sobre todo considerada como la primera mujer periodista en México; su nombre está escrito con letras de oro, sus restos reposan en lugar sagrado y nombrada por el pueblo mexicano como “heroína de la independencia”.

María de la Soledad Leona Camila Vicario Fernández de San Salvador; mejor conocida como Leona Vicario, nació en la ciudad de México el 10 de abril de 1789 descendiente de una familia criolla acomoda. Huérfana desde muy pequeña, quedó al cuidado de su tío y padrino el licenciado Don Agustín Pomposo Fernández de Salvador; años después, en el despacho de su tío conoció a un joven pasante de derecho y de mismas ideologías, su nombre era Andrés Quintana Roo. Un joven que compartía ideas liberales y de independencia al igual que ella, juntos participaron en el movimiento liberal en busca de nuestra independencia a lado de Ignacio López Rayón, José María Morelos y Miguel Hidalgo.

Para Leona Vicario su principal medio de expresión era la escritura, por esta vía ayudaba al movimiento liberal, les hacía llegar información en clave a través del diario El ilustrador americano, entre otros, ayudó a la causa rebelde por la lucha de independencia. Pero no solo enviaba noticias, también las recibía en heraldos secretos; incluso Leona fue la primera en dar a conocer la noticia en México que lo insurgentes acuñaban una moneda propia y en escribir sobre las grandes batallas efectuadas por la lucha de libertad para el pueblo mexicano.

Inspirada en los personajes de sus obras literarias favoritas, nombró con seudónimos a sus compañeros de batallas José María Morelos, Miguel Hidalgo y entre otros muchos más hombres ilustres. De hecho, ella también utilizaba diversos seudónimos en los diarios en los que escribía, por esa razón es muy difícil buscar publicaciones hechas por ella. Es por eso que es considerada no solo como una heroína de la independencia, sino también como la primera mujer periodista por sus grandes escritos en el ámbito político.

En 1817, en la cueva de un poblado cercano al estado de México, Leona da a luz a su primera hija, Genoveva. Un año ella y su esposo son perseguidos sin piedad. Un año después, son descubiertos. Quintana Roo solicita el indulto para él y su esposa. Tuvieron que aceptar que ya no participarían en ninguna acción revolucionaria y se les prohibió vivir en la ciudad de México. En 1821 nació su segunda hija, María Dolores.

Desde una distancia forzada fueron testigos de la consumación de la Independencia.

Mientras el país empezaba a reconstruirse, Leona Vicario nuevamente dio un gran paso de pionera al ser una de las primeras mujeres en hablar y enfrentar al Congreso. Presentó una solicitud para que le fueran devueltos sus bienes depositados en el consulado de Veracruz. Y sus bienes le fueron devueltos: La hacienda Ocotepec, localizada en los llanos de Apan y tres casas en la capital del país.

Retirada de la vida política, administraba su hacienda. Pero en esos años fue cuando discutió públicamente con Lucas Alamán, incluso escribió algunas frenéticas cartas al gobernador del estado de México –hoy Hidalgo- por el embargo de un rebaño de su propiedad.

A las 9 de la noche del 21 de agosto de 1842, a los 53 años de edad muere Leona Vicario heroína de la Independencia, nueve años después fallece su esposo y compañero de aventuras libertarias Andrés Quintana Roo.

Leona Vicario la misma que escribió una carta que yo he memorizado, que muchas mujeres del siglo XX y XXI volvemos a conmovernos y a contagiarnos de su fuerza. Leerla en cualquier lugar hace brillar la mirada de las mujeres que la escuchan. La manera de escribir de Leona Vicario siempre fue agresiva, desafiante y provocativa, enaltece sus ideales de libertad y de independencia; líder natural y dejando atrás el concepto que se tenía sobre la mujer en ese tiempo.

“Confiese Sr. Alamán que no sólo el amor es el móvil de las acciones de las mujeres; que ellas son capaces de todos los entusiasmos y que los sentimientos de la gloria y la libertad no les son unos sentimientos extraños; antes bien vale obrar en ellos con más vigor, como que siempre los sacrificios de las mujeres, sea el cual fuere el objeto o causa por quien las hacen, son desinteresados, y parece que no buscan mas recompensa de ellos, que la de que sean aceptadas. Por lo que a mí toca, sé decir que mis acciones y opiniones han sido siempre muy libres, nadie ha influido absolutamente en ellas, y en este punto he obrado con total independencia y un atender que las opiniones que han tenido las personas que he estimad. Me persuado de que así serán todas las mujeres, exceptuando a las muy estúpidas, y a las que por efecto de su educación hayan contraído un hábito servil. De ambas clases hay también muchísimos hombres”.

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