La revolución la pariremos las mamás,
confrontamos el dolor físico
al dar a luz a nuestros hijos.

Nos sobreponemos al miedo y la incertidumbre,
somos vigías del tiempo, compañeras.

 

EDUCAMOS, disciplinamos, amamos…
Hacemos la revolución todos los días,
no sólo parimos una hija o hijo, nos parimos a nosotras mismas,
parimos a una sociedad distinta.

Vamos contracorriente, en un mundo tan deshumanizado,
de nuestra ternura nace la esperanza,
no hay algo que no hagamos por nuestros hijos,
no hay una batalla a la que no acudamos con tal de que ellos sean libres.

La revolución la hacemos todos los días,
en el trabajo, en la casa,
contando cuentos y preparando mamilas,
la hacemos cuando sonreímos y reconfortamos a nuestras crías.

Hay un poco de magia en nosotras del universo,
en nuestro vientre, un ser humano independiente nace.

Peleamos fuerte para ser escuchadas,
porque nuestra voz no es sólo para entonar canciones de cuna,
también lanzamos consignas, opiniones, gritos;
todo lo que haga falta para transformar el entorno,
salir a la calle a exigir nuestros derechos,
es también nuestra obligación.

Madres que conciliamos la barbarie y la risa,
que hacemos hechizos para procurar el bien del mundo,
para ser compañeras y estar acompañas,
por parejas parejas, de a deveras,
porque sabemos que el éxito radica en el trabajo en conjunto.

La revolución la hacemos las madres,
las mujeres valientes que trazamos nuestro destino,
alebrijes de piezas rotas,
que se construyen a sí mismas.

Pareciera que las madres, en esta época,
somos exiliadas de nuestro propio planeta,
como si ser mamá fuera una ridícula idea.

Madres, coraje.
Madres rastreadoras.
Madres, cabeza de familia.
Madres empoderadas.

La revolución la vamos a parir las mujeres,
somos la idea que germina,
el proyecto que se materializa,
el sueño que se abre paso,
para hacerse realidad.

Somos tan diversas y complementarias,
somos bastión y guarida;
terruño, lugar al que uno siempre regresa,
somos la vida que atraviesa la muerte.

Hacer Comentario