(I de varios)

A todos los que en algún momento me han regalado libros…
¡muchas gracias!

Desde hace un tiempo, en el panorama de los lectores, han aparecido diversos autores mexicanos con un nivel de escritura y propuesta al lector de espléndidos resultados. Intentaremos aquí repasar algunos nombres y libros.

VALERIA LUISELLI (CDMX, 1983). Llegó a mí en un regalo, me dijeron que es la buena de la literatura contemporánea en el país. Lo primero que de ella tuve fue La historia de mis dientes (2013), los trajines de Gustavo Sánchez Sánchez, alias Carretera, un cantador de subastas de lo no material, es decir, no vendía objetos, sino las historias que los componen y les dan forma. Esta novela narra la vida de un vecino de Ecatepec, con domicilio en la calle Disneylandia, donde se erige un museo en su honor. Novela de lectura divertida, con un estilo ya trabajado por la autora, en el que ya se pueden reconocer rasgos particulares en la escritura para llevarnos por la peripecias del personaje. De allí sentí la obligación de leer más de esta autora con detalles impresionantes y guiños a la cultura contemporánea. Entonces llegué a otra de sus obras, una novela corta pero inmensa en su hermoso nombre: Los Ingrávidos (2011), situada en la vida de una joven editora mexicana en Nueva York. En sus menos de 150 páginas, Luiselli crea una trama que deslumbra con su lenguaje correcto, con episodios que se entretejen entre la realidad y el pasado, a través de una voz en dos en personajes que van y vienen debajo de la mesa, en la cima de un edificio (novela predilecta del que escribe esto). Por último, Los niños perdidos, un ensayo a 40 preguntas (2016) con el que Valeria escribe, describe y propone una lectura de la migración desde su papel en la sociedad norteamericana, con quien se involucra como traductora de niños migrantes centroamericanos en la Corte Federal de Inmigración de Nueva York. Con un agudo pensamiento y crítica, se coloca en una condición empática con los niños, pues ella también es migrante en esa tierra. Valeria Luiselli, quien va de la ficción a la no ficción, emerge como una realidad de la literatura contemporánea mexicana, y ya con dos libros de ensayo y otros dos de novela, esperamos con ansias su próxima entrega.

EMILIANO MONGE (CDMX, 1978). Una pluma capaz de abrumar, torturar, llevar al desasosiego, a la desesperación por la realidad que nos rodea a diario, su road novel, Las tierras arrasadas (2015), sigue un camino que se bifurca con sus personajes principales, Estela y Epitafio, conductores que llevan en su alma y vida una historia que va creciendo en 342 páginas, pero que en el tiempo, dentro de la novela, apenas transcurre en tres días, quizá menos. Un retrato brutal sobre la migración en algún lugar de algún sitio de nuestro país, o quizá de otro. Con maestría, Monge describe el amor contenido en sus personajes, mientras los remolques de las trocas y los camiones, llenos de cuerpos que se se van quedando en el camino, cuerpos que cada vez dudan más si están vivos, creen haber llegado al Infierno. Pero la vida aún tiene más caminos, no sólo el de Estela y Epitafio. Es una novela atemporal y con un manejo sorprendente de las personalidades de quieres aparecen dentro. Emiliano convierte las situaciones más sórdidas que puedas imaginar, como el sufrimiento descarnado, en experiencias poéticas. El cielo árido (2012), otra novela suya, asombra por su capacidad descriptiva, con un lenguaje denso y oscuro, hace un recorrido por la vida de Germán Alcántara Carnero, quien marcha a través de vaivenes, cortes temporales que describen actos, noches, días, personas, vacíos fundamentales en la vida de un antihéroe, un hombre que construyó su Imperio con sus propias manos, un cacique de alguna meseta, de algún llano, pasando alguna sierra. Monge lo hace en sus dos novelas: no sitúa ni en tiempo ni en espacio y es esta cualidad o esta anomalía hace que sus letras se vuelvan eternas, brutales, reales…

YURI HERRERA (HIDALGO, 1970). Con tres novelas en su haber y un sinfín de escritos, el autor se resiste a hablar de lugares, al menos así ocurre en Señales que precederán al fin del mundo (2010), en la que refiere actos, pláticas, pensamientos, gestos, vidas y sociedades que se unen y separan por una frontera, el hogar de un fantasma del que sólo basta saber el momento en el que aparece, sin necesidad de recibir su ubicación en el mapa, entre un ir y venir del centro al norte de México. El cause de un río nos ayuda a comprender la búsqueda de Makina, una heroína del mundo de hoy, persona fuerte, de sentimientos arraigados, quien no descansará hasta encontrar, y, en su andar, tendrá que sortear una serie de pruebas que quizá la lleven a su destino. La migración, vista desde otra mirada, esta vez desde quien sabe cómo burlar la valla, de quien tiene lazos claros. Su novela, La transmigración de los cuerpos (2013), nos ubica en una situación apocalíptica, una gran epidemia tiene a casi todos, o llevando a sus muertos al panteón o encerrados en casa, pero es en ese espacio de vacío, un ambiente paralizado por algo contenido en el aire, donde Alfequeque tiene un asunto por solucionar. Negociante y conocedor del lenguaje, amigo de todos y de nadie, a bordo de un vocho, la hace de investigador igual que de representante legal, según lo que requiera, pude ser hasta una farmacia donde se puede comprar un preservativo. Con escenarios despoblados, Yuri crea una historia que lo pone como uno de los escritores más importantes no sólo de México si no del mundo. Hablar de Los trabajos del reino (2004) es hablar de Chihuahua o Texas o Sinaloa o Sonora o Arizona o Nuevo México o Baja California o California… cuyas cantinas se hace sonar todos los días ‘La vida no vale nada’. El narcotráfico tiene su reino y rey y hechicera y cantante… y es éste nuestro personaje central. Desde su entender, un artista nos canta lo que sucede, estará sujeto al capricho del rey, estará deseoso de una mujer prohibida y amenazado por todos. La novela nos abre las puertas a un reino al que nunca accederíamos. Las novelas de Yuri resaltan en la literatura, se convierte en voz y letras y luz… en el panorama mundial.

FERNANDA MELCHOR (VERACRUZ, 1982). Lo primero que llamó mi atención al leer Temporada de huracanes (2017) fue que el primer capítulo no tiene un solo punto y aparte, un capítulo de un solo párrafo. Unas 32 páginas hilando ideas, ¡impresionante! (los primeros seis episodios siguen esta lógica, algunos alcanzan las 50 páginas sin un punto y aparte). Después, cuando te adentras en la historia, que podría estar pasando en cualquier parte de México, enfrentas el abrumador reto de soportar tanta verdad, tanto dolor. Fernanda regala pinceladas que bien encajan con el alma de Veracruz y su violencia. Con un gran dominio de las letras, va contando de la Bruja que amanece flotando en un canal de aguas, en un lugar llamado La Matosa. Aquí desarrolla una de las novelas quizá más descarnadas que haya dado la literatura mexicana actual. Melchor rastrea y nos da, por medio de distintos personajes y su relación con la Bruja, el detalle puntual de la realidad de un México lleno de muertes ilógicas, supersticiones que subsisten, de relaciones humanas carnales, del crecimiento de los pueblos y su males; vidas que sufren, gozan y siguen su camino. La novela sorprende por la manera en que aborda los temas más complejos, sensibles, cotidianos… en una sociedad que cada día regresa, pareciera, al oscurantismo. LR.

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