El muro siempre ha estado ahí, no solamente en la frontera de E.U.A. con nuestro país, sino de estado a estado, de ciudad a ciudad de colonia en colonia dentro del territorio mexicano.

El muro creció junto con nosotros, con la idea de ser un pueblo de segunda o de tercer mundo, con complejos y rabia por no ser eritos, por no hablar inglés, por no vernos reflejados ni en los comerciales de televisión que traen actores y actrices de Argentina o Colombia, pero no mexicanos, para reflejar de México y de los mexicanos una imagen más estilizada.

El muro se ha hecho grande porque asumimos que ir a trabajar ilegalmente a Estados Unidos es un derecho inalienable que se ha transmitido de generación en generación, que debemos recobrar el territorio que nos fue arrebatado con la ayuda de Antonio López de Santa Anna, es que todo nos fue robado a lo largo de la historia y no logramos recobrar ni el espíritu ni lo hurtado.

Nos despojaron de nuestra identidad, lo hemos permitido con imitaciones al vecino del norte, con la ilusoria pretensión de vivir “el sueño americano” con la intención de agringarnos, seguir la moda, la forma de hablar, la comida rápida y la sobreexplotación laboral, asumimos la cultura anglosajona con todas sus virtudes y todos sus vicios, incluido el desdén por lo que somos como mexicanos.

No sabemos como alzar la voz ni contra un pelele copetón ni contra un magnate idiota que hace una berrinche, no sabemos alzar la voz cuando la comida de un lugar no es lo esperado, ni cuando los precios de la vida se encarecen, no sabemos gritar y poner un alto a quien nos ofende porque estamos supeditados a las dádivas que se nos dan.

En vez de exigir al gobierno mexicano mejores condiciones de vida para la población, la construcción del muro indigna a todos, pero no hemos caído en cuenta que ese muro ayudamos a construirlo desde hace mucho tiempo, la indiferencia, el miedo, la conformidad, la negación, la pereza… todo ha contribuido.

No estoy a favor de Trump y su política sexista, machista, xenófoba y cerrada, no me gusta que gobierne un país porque eso le da poder de decisión sobre el destino de muchas personas alrededor del mundo, no soy partidaria de la forma en cómo quiere conducirse y cómo desprecia la diferencia.

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